Joan Gisbert

"No falté a una final de España"

Joan Gisbert (Barcelona, 1942), mítico compañero de Santana y Orantes en los años legendarios, regresó en Mar del Plata a otra final de la Copa Davis. Ahora vive en Miami (EE UU), donde se dedica a negocios inmobiliarios.

Joan Gisbert
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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Nos vemos de final en final de la Davis: Barcelona, Australia, Sevilla, Mar del Plata

No me he perdido ni una de las finales de Copa Davis que ha jugado España: como jugador o como espectador, he estado en las seis. Hay que estar. Sigo viviendo en EE UU, Coral Gables, Miami. Hago negocios inmobiliarios, pero no dejo de jugar al tenis y al golf con mis amigos. Ahora iré a Australia, a un homenaje a Rod Laver.

Es obligación preguntarle por la comparación entre aquel tenis y el de ahora

Son mundos distintos. Entonces, a principios de los años sesenta, éramos 250 licencias de tenis en España. Recuerdo cuando nos presentamos al torneo de exhibición de los Juegos Olímpicos de 1968, en México, y a aquellos partidos no iba nadie.

¿Y sería posible medir a los grandes jugadores de antes con los de ahora?

No es posible, por una sencilla razón: los materiales. El juego de ahora nunca se podría hacer con las raquetas de madera de antes; muchos se descolgarían el hombro.

¿Quién es el jugador que usted pagaría siempre por ver?

De mi época, Rod Laver era asombroso y completó dos veces los cuatro torneos del Grand Slam en el mismo año. Hoy se juega a otra velocidad. Yo no me pierdo ni uno de esos partidos que juegan Nadal y Federer.

Usted firmó batallas memorables en sus 69 partidos de Davis

Dos, sobre todas: contra el estadounidense Ralston en 1965, cuando nadie daba un duro por nosotros, y, sobre todo, en 1967, ante el soviético Metreveli, en Barcelona: íbamos 5-1 y 40-30 para Metreveli en el cuarto set, levanté siete match balls y gané por 6-2 en el quinto. Estaba preocupado por la nota de mi último examen final en Derecho, dos días antes.

­Después sentó cátedra en dobles, junto a Manolo Orantes. Y llegó a hacer pareja con Borg.

Manolo y yo ganamos el primer Masters de dobles, en Estocolmo. De la Davis nos despedimos imbatidos como pareja: 17-0. No he podido conseguir que venga aquí. Cuando iba con Borg, en 1974, nos llamaban El Padre y el Hijo. Borg era peculiar: dormía 12 horas diarias de todos modos.

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¿Sigue yendo a Barcelona?

Al menos, dos veces por año. Ahora estoy más pendiente de mi madre, que tiene 94 años y lo pasa mal desde que la atropelló un coche. Con 88 años, ella aún jugaba al tenis.

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