Federer, entre 'Vogue' y Dubai
Roger Federer no comparecerá oficialmente ante la prensa hasta después de su primer partido, el miércoles. Federer maneja otra vida.

Progresivamente, la vida de Roger Federer se va distanciando extraordinariamente de la de cualquier tenista normal... incluido Rafael Nadal.
En la tarde del sábado, en la Pista Cibeles, en la Casa de Campo, Federer cruzó un saludo protocolario con Nadal, que terminaba de entrenarse en esa pista, la misma que Roger tenía asignada a continuación. No mucho más que ese saludo liga a estas alturas las vidas de los dos protagonistas de una rivalidad ya histórica.
Después, Federer se negó incluso a una corta declaración con TVE, unas palabras de cortesía sobre la llegada de Nadal a la cima de la ATP. Y el suizo, además, ha pospuesto todo encuentro oficial con la prensa acreditada hasta después de su estreno en el torneo, en la tarde del miércoles, ante Radek Stepanek.
Así, Federer, genio de rara clase, aún sin entrenador oficial, opera en un sistema tan lejos de la alta competición... como la gélida Suiza de las cálidas playas de Mallorca.
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Cuando llega Roland Garros, en París, Federer ya no se aloja en los hoteles típicos de los jugadores, sino en el fastuoso Hôtel de Crillon. En Pekín, Roger huyó de la Villa Olímpica, rumbo a otro lujoso hotel del distrito financiero. Ningún alojamiento le facilitó el título en París... ni el oro olímpico de Pekín.
En vacaciones, Federer se recluye en Dubai, donde recibió facilidades para un lujoso apartamento: Roger es tan buen amigo de los Maktoum, la familia de jeques que reina en Dubai... como de Anna Wintour, la presidenta mundial de Vogue. Viste de Valentino. Le fotografía Annie Leibovitz. Aún tiene momentos mágicos. Pero, ¿puede sufrir como Nadal...?