"La Duquesa de Kent tiraba para arriba y yo tiraba para abajo"
El 1 de julio de 1966 Manolo Santana ganó el torneo de Wimbledon, uno de los tres del Grand Slam que conquistó pues también se impuso en Roland Garros y en el Open de Estados Unidos. Tras la final besó la mano de la Duquesa de Kent...

Llegué ante ella y le besé la mano; enseguida noté que luchaba por retirármela. Ella tiraba para arriba y yo tiraba para abajo... Me sorprendió, claro. La familia Romero Girón, que me apadrinó desde muy niño, me enseñó que a las señoras se les besaba la mano, pero no me advirtió que la realeza era la excepción. Tampoco el embajador de España en Londres, el Marqués de Santa Cruz". La Duquesa de Kent (Alexandra, prima de la reina Isabel II de Inglaterra) era la presidenta de Wimbledon, ahora lo es su hijo. Los señores que aparecen en la fotografía en segundo término eran directivos del club entonces. El gran Manolo Santana recuerda el momento y su Wimbledon triunfal de 1966 como si fuera ahora. "En 42 años he faltado una vez al torneo y no he vuelto a ver a la Duquesa", asegura. Ahora no le besaría la mano...
¿Otro tenis? Sin duda. Pero el relato de Supermanuel, que así se le conoció entonces y para siempre, derriba mitos. Uno de ellos el de la presunta superioridad física de los tenistas de hoy en comparación con los de su época: "En Wimbledon no te sentabas entre juego y juego, cambiabas de lado sin más refugio que unas botellas de agua o coca-cola, no entraban los 'fisios' si tenías un problema, no había 'tie break' Para entonces yo había ganado dos veces Roland Garros y la gente en España no sabía si la pelota de tenis era redonda o cuadrada. La diferencia con el tenis de hoy es la velocidad, no el aguante de los tenistas". La velocidad y el dinero, claro. El caché de Santana pasó de mil a seis mil dólares después de ganar en Wimbledon
Una mítica eliminatoria de Copa Davis con Estados Unidos en Barcelona (1965) popularizó este deporte que Santana descubrió y regaló a los españoles. "Fue todo un acontecimiento. Ellos se trajeron la comida, exigían que las bebidas se abrieran en su presencia Nos sentimos ofendidos, daban a entender que el nuestro era un país cutre. El caso es que Juan Gisbert (nuestro número dos en individuales; el doble lo jugaban Santana y José Luis Arilla) ganó un partido increíble a Dennis Ralston (al que Manolo ganaría un año después la final de Wimbledon) y encarriló la eliminatoria". España ganó por 4-1.
Santana debutó en Wimbledon en 1959. "Me pegaban una paliza cada año. El tenis anglosajón dominaba el mundo, en hierba eran inaccesibles para mí. Como había ganado dos veces en París decidí no acudir en 1965 y 1966 y preparar a fondo Wimbledon. Me salió bien. Gané allí y el Open de Estados Unidos, que se jugaba entonces en Forest Hills, también en hierba. Como no era tan bueno como Rafa Nadal necesitaba un mes para asimilar el cambio de superficie; él juega igual de bien le pongan donde le pongan".
El gran momento.
Wimbledon era su sueño y 1966 fue su año. "Me favoreció que dos jugadores tan extraordinarios como los australianos Roy Emerson y John Newcombe cayeran eliminados en la otra parte del cuadro. En la mía estaban los norteamericanos Arthur Ashe y Dennis Ralston, el surafricano Cliff Drysdale, todos buenísimos". Ralston era el número 1 de los yanquis y había ganado a Manolo en los cuartos del torneo de Queen's, previo al de Wimbledon, y se coló en la final. Santana lo consiguió tras una semifinal épica con Owen Davidson. "Con 5-4 y el saque a mi favor y con pelotas nuevas, me ganó el juego y casi me puse a llorar. Saqué fuerzas, reaccioné, le rompí su servicio y acabé ganando el partido con un 7-5".
La final fue más sencilla. Santana se la llevó en tres sets: "En veinticuatro horas había jugado los cuartos y la semifinal a cinco sets; estaba madurito, sí La he visto ochenta veces", asegura nuestro héroe que pasó un solo mal momento aquella tarde gloriosa: "Sufrí un tirón en la espalda y me preocupé pero poco. Ralston era bueno, pero no un campeón y sabía que si yo jugaba bien le ganaría. La diferencia entre los buenos y los campeones es que éstos llegan a las finales y las ganan porque no se les encoge el brazo. ¡Nadal es el mejor ejemplo!".
Nadal, sí. Y Santana, que nunca perdió una final individual. "Me marcó mucho la primera, cuando tenía diez años, un torneo en el que participábamos los recogepelotas del Club Velázquez de Madrid donde trabajaba. Estos partidos hay que ganarlos, me dije Y lo cumplí: lo difícil era llegar a las finales, pero jugarlas no fue nunca un problema para mí". A Ralston le ganó por 6-4, 11-9 y 6-4. Su salto de alegría tras ganar el último punto es historia de España. Poco después llegó el besamanos. "Hice lo que creí que era correcto, pero noté perfectamente cómo se resistía la Duquesa. Los ingleses me preguntaron después, ¿cómo se te ha ocurrido eso? Fue un momento embarazoso que tuvo un final especial: la de Kent me invitó a tomar el té de las cinco con ella y su familia, cosa que no era habitual. Y es que mi juego le gustaba: de siete partidos, seis los jugué en la pista central, con ella de espectadora. ¡Ah, Wimbledon! Ganarlo es especialísimo y se lo conté a Rafa cuando lo consiguió: te conviertes en socio de honor de club, puedes jugar allí cuando quieras y hasta invitar a un amigo. Ganar te da acceso al palco de honor, es un ritual tremendo que se ha trasladado también a Roland Garros y el Open USA".
Aquel fue el único torneo de Wimbledon que alteró sus fechas para evitar coincidencias con otro torneo, el Mundial de Fútbol de 1966 que ganó Inglaterra en el viejo Wembley. "Días después coincidí con Bobby Charlton (gloria del Manchester y de la selección inglesa) y me dijo: 'Tú y yo hemos sido campeones del mundo a un tiempo. Mi final se jugó el sábado 1 de julio y la suya, el domingo día 2".
El triunfo tuvo su trastienda. Franco concedió a Santana la Orden de Isabel la Católica y el régimen se encontró con un diamante extraordinario que desparramaba el nombre de España por el mundo en una época en la que lo español no era precisamente muy admirado en la mayoría de foros internacionales. Como sucedió con el Real Madrid de las cinco Copas de Europa, no pudo evitar Santana que algunos le tildaran de franquista precisamente a él.
"Es que la historia de mi familia, ¡uff! Mi padre fue un represaliado que estuvo seis años en la cárcel acabada la guerra. Recuerdo que tendría yo unos ocho años e íbamos una vez al mes a visitarle Pero ni él, que murió pronto, cuando yo tenía doce, ni sobre todo mi madre me hablaron jamás de todo aquello".
La otra historia.
Doña Mercedes Martínez, madre del Súper y de otros tres Santana, evitó que la guerra continuara en su casa más allá del 39. "De haber actuado de otra manera seguramente me habría inoculado odio a la gente que mandaba en España, los adversarios de mi padre; el tenis era entonces un deporte muy de derechas y yo hubiese vivido un infierno".
Don Braulio Santana, el padre de Manolo, fue electricista, profesión que él hubiese abrazado de no haberse cruzado el tenis en su vida. "Trabajaba por la mañana en la Compañía de Tranvías de Madrid y por la tarde le acompañaba a sus remiendillos y se me daba bien", explica Manolo que todavía siente cómo se le remueve el estómago cuando cruza por la Puerta del Sol de Madrid: "No puedo evitar pensar que mi padre estuvo preso allí tanto tiempo".
El gran ídolo de Santana fue, es y será por siempre su madre. "La única copa mía que guardó fue la primera, la que gané en el Club Velázquez en 1948. Se la llevó con ella cuando murió hace nueve años. Están juntos ella, la copa y el libro sobre mi vida que escribí junto a mi hijo Manolo; estoy seguro que es lo que le habría gustado".
Manolo Santana se emociona con este relato, sus ojos de campeón se humedecen. Quizá le pasó el día que se tomó la revancha con el mismísimo Franco "Estaba yo en la semifinal de Gstaad (Suecia) cuando me llamó Raimundo Saporta y me dijo que Franco quería que jugara un partido de exhibición en El Pardo, que iba a estar presente todo el Consejo de Ministros y que me volviera. Total, que me excusé como pude ante los suecos y volví a Madrid. Llegué a casa y se lo conté a mi madre, que repitió una y otra vez: ¡vas a ver a Franco!".
Saporta lo tenía todo preparado. Citó a Santana en el Bernabéu y le hizo dedicar mi foto de campeón en Wimbledon a Franco y otra a cada uno de los ministros. "Es lo que hacía cuando el Madrid ganaba. Me dijo: cuando los ministros lleguen a su casa tendrán el mismo regalo que verán les han hecho tú a Franco. ¡Era un genio Raimundo!". Se jugó el partido de exhibición y en un momento de la recepción posterior, Franco se dirigió a Santana y le dijo: "Yo quiero que sepa usted que en esta vida hay veces que pagan justos por pecadores". Blanco y en botella. "Franco sabía lo de mi padre y ese justos por pecadores fue por y para él. A mí me reconfortó, claro".
Saporta lo tenía todo preparado. Citó a Santana en el Bernabéu y le hizo dedicar su foto de campeón en Wimbledon a Franco y otra a cada uno de los ministros. "Es lo que hacía cuando el Madrid ganaba. Me dijo: 'cuando los ministros lleguen a su casa tendrán el mismo regalo que le has hecho tú a Franco. ¡Fue un genio Raimundo!". Se jugó el partido de exhibición y en un momento de la recepción posterior, Franco se dirigió a Santana y le dijo: "Yo quiero que sepa usted que en esta vida hay veces que pagan justos por pecadores". Blanco y en botella. "Franco sabía lo de mi padre y ese justos por pecadores fue por y para él", explica Santana, que se tomó varias revanchas con la vida, que de niño fue difícil.
Su madre atravesó por mil problemas tras enviudar. Manolo fue acogido por la familia Romero Girón. "No vieron en mí un campeón en ciernes, lo hicieron para ayudarnos. Me conocieron en el Velázquez, donde trabajaba mi hermano y donde un día fui, descubrí el tenis... y me quedé. Vivíamos en una casa que tenía un baño para veintidós familias. Los cuartos de baño fueron siempre una obsesión para mí: en cuanto pude regalarle una casa a mi madre, la estancia más bonita fue esa. En Marbella tiré un dormitorio y construí un baño enorme. El día que entró por primera vez y lo vio se volvió loca de alegría".
El mejor partido de su vida, sin embargo, opina Manolo que no fue la final de Wimbledon: lo jugó en la hierba de Sydney, Australia, en la primera final española de la Davis en 1965. "Fue el cuarto partido, habíamos perdido los tres primeros por lo que la Ensaladera seguía en sus manos, pero nos enfrentábamos Emerson y yo. Aquel año él había ganado Wimbledon y yo el Open USA y el partido se consideró como la lucha por el primer puesto mundial. Jugué como nunca y le gané en cuatro sets: 2-6, 6-3, 6-4 y 15-13".
España volverá por sexta vez a la final de la Davis, el próximo mes de noviembre en Argentina. Santana no duda: "Ganaremos. Rafa ganará sus dos puntos se juegue en la pista que quieran, incluso sobre patines". Manolo valora a Nalbandián y Del Potro, los mejores tenistas argentinos. Pero lo ve claro: "Rafa ganará dos puntos y uno de los otros tres caerá. ¡Que Ferrer es el quinto del mundo, eh! Nadal lo eclipsa todo y no conviene perder de vista lo extraordinarios que son los demás, por ejemplo David. Soy un optimista patológico y ganaremos".
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La presión del público no le preocupa a Santana, que siendo capitán del equipo español vivió un Brasil-España tremendo. "Entramos perdiendo por 2-1 en la última jornada y Moyá y Corretja, que le ganó al magnífico Kuerten, le dieron la vuelta a la eliminatoria. No creo que el lío de los argentinos supere el que montaron los brasileños... y ganamos. ¡Que tenemos al número uno del mundo!"
Otra vez. Antes lo fue usted, ¡Supermanuel!