A un punto de la final
España está a un solo punto de plantarse en la final de la Copa Davis, después de los triunfos de Rafa Nadal y David Ferrer sobre Sam Querrey y Andy Roddick. Con la eliminatoria ya en 2-0, Verdasco y Feliciano pueden sentenciar en el dobles de hoy.


A las tres horas largas de partido con David Ferrer, Andy Roddick aún servía aces a 229 km/hora: pero el de Roddick, el de los americanos, era un tenis de show y de gestos: tenis de "poner caritas", como había prometido Querrey. A estas alturas de la temporada, ese tenis de nada sirve contra un tenis democrático, esforzado y macho: el de los gladiadores Nadal y Ferrer.
Por altos que estén en la lista mundial (quizá hayan subido ahí precisamente por eso), Rafa Nadal y David Ferrer, números uno y cinco del mundo, no son figuritas de porcelana, delicada porcelana que se adivina sospechosamente en las facciones y juego de Roddick cuando se trata de excavar trincheras: como ayer en Las Ventas, o como en el US Open bajo el fuego de Djokovic y Federer.
El tenis de Nadal y Ferrer es un canto existencial, pasional, casi religioso: entrego todas mis reservas al combate, y, hecho esto, veré si gano. Al menos, me lo habré merecido. El tenis de Roddick es exhibicionista, pero plano. Andy, del mismo pueblo de Nebraska que Marlon Brando, puede hacer la ola con el público, muecas a los recogepelotas, poner caritas, sacar la manita. Y...
También, Andy puede servir a 238 km/hora, como hizo en Las Ventas, pero ha jugado seis veces con Ferrer... y ha perdido cuatro. La cuarta, y más dolorosa, ayer: pese al masivo despiste de Ferrer, que entregó a Roddick los sets segundo y tercero bajo un tremendo parcial de 1-11. Pues ni eso valió a Roddick, cuando Ferrer comenzó a vibrar como un lamento al galope tendido.
Resistencia. Antes de la sumisión de Roddick a manos del agonismo de Ferrer, Nadal había firmado el 1-0 ante Querrey en un ejercicio de resistencia puro y duro: como el Nadal de los viejos tiempos.
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Incómodo con la pista y el servicio de Querrey (17 aces, hasta a 216 km/hora), el Nadal del primer set fue una extraña copia, con señales de batería baja: no era el ser biónico que devora la arena de Roland Garros y la hierba de Wimbledon. Ni una sola bola de break en esa primera manga, que Querrey ganó en muerte súbita... tras doble falta insólita de Nadal con 4-5 abajo en ese tie break o juego decisivo. ¿Era Rafa Nadal o una copia con la impresora baja de toner?
La copia oscura se perdió cuando Querrey servía para 3-1 en el segundo set. Ahí, Sam, tan pegador como inexperto, tuvo 2-1 y 30-15 tras romper el servicio de Rafa. Pero regresó el Nadal de los viejos tiempos, el feroz resistente de 2004 y 05, y se enterró en la arena, un espartano morenito de Manacor. Ante la muralla morena, Querrey se derritió. Se esfumó. 1-0. Luego cabalgó Ferrer. Hoy irrumpen Verdasco y Feliciano. ¿3-0 y Roddick de portero...?