El irresistible encanto de 'Er Niño' para Romero

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Existe cierto torero de leyenda, retirado hace ocho años justos, que, rumbo a los 75 años, aún es capaz de pasarse noches en vela cuando juega su héroe preferido. Curro Romero deja cualquier cosa a un lado cuando la televisión le ofrece a Rafael Nadal en una pista de tenis. "Daos prisa los que queráis ver torear a Juan Belmonte", sentenciaba El Guerra, torero, califa y filósofo cordobés, idealizando el valor de El Pasmo del Triana. Curro Romero detenía el tiempo en un lance. Pero mete bulla y apura cuando toca ver a Nadal.
En las tardes de La Maestranza, Romero pregunta: "¿A qué hora juega Er Niño en Nueva York? Ese niño Nadal para quien, una tarde, en Sevilla, Curro Romero desenfundó ese capotillo de los sueños. Ya retirado, Romero asió el capotillo con las yemas de los dedos y bajó las muñecas para que lo viera Rafa. En 1967, Curro durmió en la DGS por negarse a matar un toro en Las Ventas. Al día siguiente, volvió y salió por la Puerta Grande. Hoy le toca el turno al Niño Nadal.