El alma de guerrero lleva a Nadal a cuartos en N. Y.
Tras una batalla ante Querrey, Rafa se mide ahora a Fish


Arthur Ashe Stadium, Central de Flushing Meadows, lunes festivo de Labor Day. Tempranito, entre la brisa de mediodía que viene de Long Island y la bocana del Hudson, los newyorkers acuden a Flushing, en el barrio del Queen's, para dar un vistazo a esa extraña amenaza del tenis: Rafael Nadal, guerrero implacable al servicio de una idea. Ganar, y ser el número uno. O también: ser el número uno. Y ganar.
En el primer set, Nadal, el guerrero, el número uno, todo poder y carisma, somete a Querrey, un gigante medroso de California: 6-2. Pero las oleadas de viento van azotando la Arthur Ashe desde las puntas de Cove Neck y los Hamptons. El viento va sacudiendo al guerrero. Y, en el viento se va enredando el saque de Nadal, que se acorta ante los palos planos, cada vez más profundos de Querrey, el tallo (1,98) de San Francisco, California.
Cuando Nadal tiene en la mano el segundo set, con 5-3, tras un diluvio de bolas de break, ocurre lo impensable: el guerrero, el gladiador se pierde en ese viento del muelle neoyorquino de la Calle 23 que un día pisó Albert Einstein y que jamás envolvió al Titanic. Unos samurais borrachos, amiguetes de Querrey, danzan en las tribunas de la Ashe: porque, entre dobles faltas y titubeos, Querrey se marca un 4-0 ante Nadal. Se salta del 5-3 para Rafa, al 5-7 y segundo set para Querrey: ruge Flushing Meadows, un coliseo sediento de la derrota del gladiador.
Sima y cima. Y parece que los samurais de California se han aliado con el viento del muelle, el New York Harbor: con 4-3 y servicio en el tercer ser, Nadal vuelve a no tener respuestas para la brisa, su saque se pierde en las cuerdas de la red, otras dos dobles faltas... y Querrey se planta en la muerte súbita, el cara o cruz que nadie esperaba...
Pero en la tensión de la acción, reaparecen el guerrero y su alma. Si no tienes saque, si no tienes toque, y los samurais hartos de cerveza piden la cabeza del número uno, siempre queda algo, chico: Fight. Pelea. Combate con el valor y el coraje que Nueva York tanto apreció en Jack Dempsey, Jack Sharkey, Rocky Marciano, Frazier y Ali. Aquí, en la convulsa Arthur Ashe. ése es el valor emocionante de Nadal.
Es Nadal, que conquista la muerte súbita, bajo el diluvio de fuego que le lanzan Querrey (20 aces) y sus samurais ebrios. Es Nadal, que remata el partido y silencia a Flushing en el cuarto set. Es Nadal, ya en cuartos ante Fish, al que siempre ha ganado (4-0): y Nueva York, entre sombras y ceniza, admira el valor del guerrero.
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"Dije que Querrey era un rival con tremendo potencial y gran servicio, y se ha visto que era así. Ha mejorado mucho desde que nos enfrentamos en 2006. No tengo nada que decir porque el público haya apoyado a Querrey; es normal, porque él es de EE UU, pero el apoyo a Querrey no era nada contra mí. Ha sido un día muy difícil y un partido muy peligroso. Hacía viento a rachas, tuve problemas con el saque. Fish también será un rival difícil".