Pekín 2008 | Tenis

El vendaval Nadal ya sopla en la Villa Olímpica

Rafa Nadal ya convive con otros deportistas españoles en la Villa Olímpica. Ayer aterrizó en Pekín, tras asegurar en Cincinnati su número uno mundial. El balear se enfundó la camiseta roja de España desde el primer minuto, porque quiere disfrutar de estos Juegos como uno más.

<b>DE ROJO. </b>Rafa Nadal ya pasea por la Villa con el polo oficial.
Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
Actualizado a

Como si fuera un envío urgente. Como si se tratara de un bien preciado, que lo es: el deportista español de más rabiosa actualidad. Rafael Nadal cayó eliminado el sábado en Cincinnati, voló al día siguiente a Chicago y ayer aterrizó a eso de las tres de la tarde en Pekín. Y llegó a la Villa Olímpica en un vehículo con el logo dorado de UPS grabado en la puerta. Lo dicho, envío urgente. El número 1 (virtual, irreversible, inminente... como ustedes quieran) ya está en los Juegos.

En ellos, su eterno yang, Roger Federer, lidera la expedición suiza, de la que será abanderado. Rafa ha querido alojarse junto al resto de los deportistas españoles, golpeando de revés al lujo asiático. Nada de hoteles. El manacorense llega a China en lo más alto, aunque pise de lleno la tierra, sonría a todos los españoles (y no españoles) a los que se cruza en su recién estrenado hogar olímpico, pese al jet-laj y a que su cuerpo le pide -a gritos-descanso. "Vengo a la Villa porque quiero vivir el ambiente de unos Juegos, compartir la experiencia con los otros deportistas españoles. Es algo especial y me apetecía llegar aquí", comentó a AS Rafa, que hizo las maletas a toda prisa y se adelantó a la llegada inicialmente prevista por el COE.

Noticias relacionadas

Tenía ganas de respirar los Juegos, por más que la polución haya vuelto con su capa gris. Dejó los pantalones y el polo del viaje transoceánico y se enfundó desde el primer minuto la indumentaria oficial de España. Con la roja, la misma que le hizo disfrutar en la Eurocopa, comprobó de lleno la humedad de Pekín, que volvía a sudar tras dos días de sorprendente cielo azul. Como uno más, aunque no lo pareciera a quienes volvían la cabeza al verlo caminar entre los edificios de la delegación hispana. Nadal llega con las pilas cargadas pese a la derrota ante Novak Djokovic. La ha digerido, ya es historia. "Esto es un deporte de derrotas, que pueden llegar en cualquier momento, porque todos juegan y hay muchísima competencia", dice y, de repente, pregunta quién ganó la final en Cincinnati. "Murray"... y Rafa hace un gesto en él muy característico, ese torcer la boca como queriendo decir "vaya". Sorprendido. Y se atusa el pelo.

La racha intratable que le hizo ganar 32 partidos consecutivos, desde la tierra de aquel Hamburgo que fue aperitivo a su cuarto Roland Garros hasta la pista rápida de Cincinnati (con escala en la hierba de Queens y Wimbledon), ha llegado a su fin. Pero Rafa mira hacia arriba. "No hay que pensar en la derrota, sino en lo que ahora me espera, que en primer lugar son estos Juegos". Y ahí no se fija objetivos: "Ahora no me planteo hasta dónde voy a llegar, si a la final o a semifinales. Vengo con ganas de hacerlo lo mejor posible, pero hay que ir con tranquilidad". Rafa se despide y se pierde por el jardín de esta ONU olímpica en la que todos saben quién es ese chico de pelo largo. Ya tendrá tiempo para cansarse de firmar autógrafos y hacerse fotos con otros deportistas. Pero él ha preferido empaparse de espíritu olímpico. Quiere ser uno más en la Villa. Y eso le hace aún más grande.

Te recomendamos en Más Tenis