Rafa Nadal impone
Arrasó en tres sets al escocés Andy Murray y está en semifinales


La trayectoria de Rafa Nadal nos enseña esto: llegan partidos, días, retos en los que el rival de turno parece tener una oportunidad en el bronceado desierto de músculos donde late el corazón de Nadal. Se puede ver al mismo Nadal, como el día de Youzhny, llamando al trainer de la ATP, su viejo amigo Novotny, con manos a las rodillas, a las ampollas del pie, a la cintura: sabe Dios. Se habla de extrañas lesiones, se recurre a nombres científicos, y los tabloides de la City casi nos hacen ver la cabellera de Nadal colgando del Royal Box de Wimbledon ante el hacha de Braveheart Murray
Pero entonces, llega el momento de siempre: el momento en que emerge una figura imponente, pegando raquetazos llenos de furia, con el rugido de una sierra mecánica derribando troncos. Nadal, claro: que recorría de lado a lado la Centre Court, con golpes como de hacha o de sierra que desjarretaban los flancos del asustado Murray. El pobre Andy, hoy más escocés que nunca, no tuvo la menor oportunidad, ni una bola de break, ante esa sombra errante que, al mismo tiempo, es una amenaza. Estos días, en una pista de tenis, Nadal es un depredador al que es imposible atrapar sin que antes te haya desgarrado el corazón.
Es el relato del Nadal-Murray. Lo que le pasó a Murray le pasó por encima, como los puños de Rocky Marciano sobre Archie Moore, como los ganchos de izquierda de Joe Frazier cuando se abalanzaba sobre el pecho de Muhammad Ali aquel domingo de Manila de calor angustioso, en 1975. Ante esa amenaza morena empeñada en destruirle, Murray tenía dos soluciones: capitular o escapar. Capituló. La Centre Court no tuvo ni un solo instante para la emoci no se lo permitió Nadal.
El mundo y Wimbledon aguantan el aliento ante lo que se ve venir el domingo: la tercera final consecutiva Nadal-Federer en el All England. Eso sólo lo podría evitar un Safin biónico ante Federer o cualquier accidente de Nadal ante Schuettler o Clèment. Rafa tendrá que jugar con uno de estos dos, que ayer suspendieron con empate a un set, en un día con retraso de tres horas por lluvia. La final Nadal-Federer casi se toca, y la misma sombra que ayer cayó sobre Murray se agiganta, tan amenazadora como siempre, sobre este Federer que despacha sus partidos (ayer, Ancic, entre risas) en un lago cremoso de felicidad. La felicidad es lo que todo el mundo busca, ya se sabe. Pero Federer ya debe ir teniendo claro que el domingo, en Wimbledon, va a llegarle ese momento de siempre o casi siempre, en el que ante él emerge una figura imponente, muscular, pegando raquetazos llenos de furia
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Rafa Nadal: "Mucho mejor aquí que el año pasado"
Estoy jugando mucho mejor aquí que el año pasado, haciendo más cosas con más agresividad y mejor posicionamiento en la pista. También estoy sirviendo más rápido. Tenía que jugar muy cerca de las líneas, imprimiendo un ritmo alto. No se podía jugar lento ante un jugador con manos tan buenas como Murray. Es para estar satisfecho, sobre todo por no haber tenido bolas de break en contra. El comportamiento del público ha sido extremadamente limpio. Por el ránking, y por lo que venimos haciendo en los grandes torneos, los españoles somos ahora los mejores tenistas del mundo".