El valor del deporte

Blog del Diario AS sobre el negocio que hay detrás del gran espectáculo de masas en el que se ha convertido el deporte.

Autor: Gonzalo Jiménez Illana
POR
Gonzalo Jiménez

Como cada año los propietarios pasan de Héroes a Villanos.

Los propietarios de los equipos en descenso sufren las iras de las aficiones, así como los jugadores con él tan manido “mercenarios”.

Como cada año los propietarios pasan de Héroes a Villanos.

Cualquiera que lleve tiempo viendo futbol, habrá podido comprobar cómo los jugadores pasan de forma completamente fugaz de ser grandes héroes a villanos odiados por todos aquellos que unos minutos antes les tenían por ídolos. No hace falta más que un penalti mal tirado, un ataque mal gestionado o una parada aparentemente sencilla que acaba al fondo de la red. No hay termino medio y si bien no es algo exclusivo del fútbol, es desde luego el escenario donde se magnifica. No concibo a alguien viendo a Nadal aplaudiendo a rabiar tras un "banana shot" ganador y al siguiente punto cuando realiza una doble falta, gritando que es un "paquete". El futbol despierta unas emociones muy particulares.

Lo cierto, es que estas emociones no se quedan en el terreno de juego y con gran frecuencia se extienden a los despachos y el palco de autoridades. A estas alturas de temporada, los equipos con peor situación clasificatoria son blanco de las iras de los aficionados y en el Valladolid, con un pie en Segunda División, no iban a ser menos. Como no podía ser de otra forma quién hace bien poco era recibido casi como si fuera a ser el nuevo delantero del equipo, ha sido el blanco principal de las críticas.

Pocos se acuerdan de que, con todo el respeto, Ronaldo puso en el mapa internacional al Valladolid, que solo con su imagen se batieron récords de ventas de camisetas o anunciantes y en definitiva, el valor del club aumento notablemente. Las aficiones querrán seguir pensando que el fútbol es solo pasión y arrojo, pero los números no engañan, y en estas fechas los equipos con menor presupuesto y cuyo límite salarial es más ajustado acaban peleando por salvar la categoría; (este año Elche, Huesca y Eibar estaban entre los últimos de esta clasificación) y podemos ver que si bien no es exacto se aproxima, (la temporada pasada el Valladolid era el equipo con menor capacidad salarial solo por delante del Mallorca que acabo descendiendo).

Esta visión empresarial sobre la importancia del componente económico en los resultados deportivos es la primera vertiente que debemos tener en cuenta, la segunda es, y aunque resulte polémica en estos tiempos que tanto se ha abusado de que el Fútbol pertenece a los aficionados ("Football is for Fans"), que no son los aficionados los que generalmente están invirtiendo y arriesgando su patrimonio en un club de fútbol. Esta idea romántica de que el fútbol es una fiesta para todos los aficionados mientras que nadie cuestiona quién paga dicha fiesta no deja de sorprender a cualquiera una vez eliminados los forofismos.

Cuando un Jeque o un magnate compra un club y anuncia que comprará grandes futbolistas, todos los aficionados están encantados, poder ver a Van Nistelrooy, Isco, Joaquín o Cazorla en Malaga no es fácil de imaginar de otra manera. El aficionado no pone pegas a ese gasto particular, es cuando el grifo se cierra, cuando se inician las protestas, rara vez encabezadas por una oferta económica de alguna plataforma de socios que busque recuperar el club de dichos "villanos" apostando de su propio dinero.

Cuando estas semanas pasadas los aficionados de la Juventus o el Manchester United clamaban contra sus clubs y directamente contra sus propietarios multimillonarios, pocos o ninguno fueron al mercado bursátil, donde cualquiera puede adquirir un paquete de acciones de su club. Cuando se tilda a los jugadores de "mercenarios" porque se van a un club rival con una oferta salarial mejor, seguro es porque ese aficionado sabe en su fuero interno que si a él le ofreciesen duplicar su nomina ni en sueños se iría de su empresa. Entendemos el futbol como una afición millonaria que nadie quiere pagar y cuyos actores deben fingir que el dinero no es importante para ellos, ya sean jugadores o propietarios.

El futbol y el deporte son pasión y afición, por supuesto, nadie puede negarlo, pero es a su vez un negocio y con criticas tan airadas pero en muchas ocasiones con poco fundamento hay que actuar con una mayor madurez y criterio que aplicaríamos una vez nos quitasemos la camiseta con el escudo en cualquier otro escenario de nuestras vidas.

Hace una década en el Vicente Calderon era habitual ver pañoladas y cánticos continuos contra la familia Gil o Enrique Cerezo, (la pancarta no puede ser más paradójica puesto que los verdaderos afectados de la crisis deportiva, o descensos deportivos son aquellos cuyos bienes patrimoniales se deprecian), hoy el Atletico de Madrid lucha por alzarse campeón de LaLiga y se les ha escapado la Champions dos veces cuando ya la acariciaban. Han encontrado un entrenador que refleja el carácter y la identidad del club, por supuesto, pero ¿han acaso tenido una epifanía o revelación sobre cómo gestionar el club?. La respuesta más probable es que cuando gestionas una empresa o un club de futbol, a veces aciertas y otras no, y en esos matices hay grandes diferencias, pero pocos de los aficionados que se concentran en los aledaños de los estadios protestando y en ocasiones provocando disturbios y destrozos, estarían dispuestos a apostar sus ahorros en su pasión.

Entiendo que si empezamos a ver el fútbol como lo que verdaderamente es, un negocio dentro de la industria del entretenimiento (y que gran entretenimiento), podremos empezar a comprender que los propietarios toman buenas y malas decisiones pero generalmente son los más afectados por las mismas. Que tienen sus limitaciones y aunque como hemos visto la planificación y los recursos económicos son determinantes, un gestor no es muy bueno cuando el balón entra en el 93´ ni debe dimitir y vender en perdidas cuando el balón se escapa pegado al palo.