Susurros del campo

CON EL AVAL DE LA REVISTA TROFEO CAZA

Este blog es un viaje a esas jornadas de caza y conservación, esperamos que seáis nuestros compañeros de cuadrilla.

Autor: Rocío de Andrés

Susurros del campo

Centenario Delibes

“Amo la naturaleza porque soy un cazador. Soy un cazador porque amo la naturaleza. Son las dos cosas. Además, no sólo soy un cazador, soy proteccionista".

Centenario Delibes

“Amo la naturaleza porque soy un cazador. Soy un cazador porque amo la naturaleza. Son las dos cosas. Además, no sólo soy un cazador, soy proteccionista; miro con simpatía todo lo que sea proteger a las especies. Dicen que eso es contradictorio, pero si yo protejo las perdices tendré perdices para cazar en otoño. Si no las protejo me quedaré sin ellas, que es lo que nos está pasando. De manera que no hay ninguna contradicción. Por otra parte, yo no soy ningún cazador ciego, pendiente del morral o de la percha, sino que me gusta disfrutar del campo, ver amanecer, ponerse el sol, ver el rojo en las matas… y si además cazo un par de perdices y me las como al martes siguiente, pues tan contentos. Pero no mido la diversión ni el placer por el número de piezas”.

Son palabras pronunciadas hace ya muchos años por Miguel Delibes Setién, ante la disyuntiva entre actividad cinegética y conservación de la fauna que, aun pasados los años, sigue siendo un tema actual y controvertido.

Y es que, aquel amante del mundo rural y de la práctica cinegética, aquel que prefería ser conocido como el «cazador que escribe», el que nos dejó en su gran obra, una oda del amor a la naturaleza, al campo y a la caza, hubiera cumplido este mes de octubre, 100 años

Delibes dejó un legado extraordinario al mundo de la literatura, pero además ennobleció el oficio y arte del cazador de caza menor, al identificarse el maestro con este tipo de caza, que representa según sus palabras “a la humilde actividad venatoria que yo practico y que ya, de entrada, los papeles oficiales menosprecian denominándola caza menor”.

Si me tengo que decantar por uno de sus libros, no sabría cual nombrar. Todos me parecen maravillosos y de cada uno he aprendido algo nuevo (no solo de caza), y disfrutando como una niña "chica".

He releído varias veces "Diario de un cazador", "Perdices de domingo", "El libro de la caza menor", "Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo", “Las ratas” … pero hay dos que, a día de hoy, cuando lo vuelvo a tener entre mis manos, me sobrecogen: “El camino” y los “Santos inocentes”. Os recomendaría uno, pero no puedo. Os recomiendo todos (Y no sólo los de caza). En cada una de las páginas de sus libros, pueden escucharse susurros del campo.

Os dejo una selección de frases de Delibes, escogidas entre sus obras:

Las perdices de domingo. - 1981

- «Domingo tras domingo, en otoño y en invierno, el cazador sale al campo en pos de las perdices, unos días con suerte y otros sin ella, pero, en todo caso, las perdices disminuyen en la percha y en el campo, con lo que no descarto que estas páginas, al correr de los años — tampoco demasiados — puedan ser la constatación de un proceso devastador en virtud del cual, Castilla se fue despoblando de pájaros, como siglos atrás se despobló de bosques. El tiempo hablará y no tardando».

Diario de un cazador. - 1955

- «Salir al campo a las seis de la mañana en un día de agosto es algo que no puede compararse con nada. Huelen los pinos y parece como que uno estuviera estrenando el mundo. Tal cual si uno fuera Dios».

Mi vida al aire libre. - 1989

- «Mi padre fue un perfecto cazador deportivo. Un cazador a salto, de perro y morral que sabía disfrutar de la naturaleza como nadie». A la codorniz iba a la Sinova con Boby, el perro que ante la codorniz «acortaba el paso que se hacía lento, florido, achulado como el de los toreros en lances de adorno».

Con la escopeta al hombro. - 1970

- «El día que consigamos que a un hombre sentado debajo de una encina se le acerquen las perdices y se suiciden, ahorcándose de la percha que cuelga de su canana, podremos decir que el deporte de la caza ha alcanzado el techo de sus posibilidades».

La Caza de la Perdiz Roja. - 1962

- Juan Gualberto, el Barbas, cuestionaba la filosofía sobre la caza de Ortega y Gasset.

─¿Sabe usted, Barbas, lo que decía Don José Ortega sobre lo que el cazador siente en el momento de disparar?

El Juan Gualberto se atusa las barbas complacidamente.

─Ese don José ─dice─ ¿era una buena escopeta?

—Era una buena pluma.

─¡Bah!

El libro de la caza menor. - 1964

- «He aquí por qué caza usted. Cuando está usted harto de la enojosa actualidad…, toma usted la escopeta, silba usted a su can, sale usted al monte y, sin más, se da usted el gusto durante unas horas o unos días de ser un paleolítico».

- «La liebre es rápida; la perdiz, brava; el conejo, astuto, y el hombre gusta de probarse su rapidez, su bravura y su astucia. Ninguna piedra de toque para ello como la caza»

Castilla habla. - 1986

- «Las voces aparentemente elementales de un pastor, un caracolero, unos modestos labradores, un molinero, un capador, etc. aparte su riqueza de expresión que he querido conservar intacta, apuntan con frecuencia sabiamente a los ancestrales problemas de Castilla y León: sequía, pobreza del suelo, individualismo, despoblación, envejecimiento, contaminación, abandono oficial, desconfianza…».

No puedo despedirme esta semana (y ya casi son 100), de otra manera: "Lo que hay que preguntarse no es si la caza es cruel o no lo es, sino qué procedimientos de caza son admisibles y qué otros no lo son".

¡Salud y buena caza!