Liga Rumana
Viitorul VTR

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FC Dunarea Calarasi DCA

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D. Bucarest DBU

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FC Voluntari VOL

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International Champions Cup
Liverpool LIV

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B. Dortmund BDO

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Liga Uruguaya - Clausura
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Progreso

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Club Atlético Atenas CLA

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Defensor Sporting DEF

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Liga Venezolana - Clausura
Atlético Venezuela VEN

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Deportivo Lara GLA

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Estudiantes de Caracas ECA

-

Monagas MON

-

Estudiantes de Mérida ETM

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Carabobo Fútbol Club CAR

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Academia Puerto Cabello APC

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Metropolitanos MET

-

Mineros de Guayana MIN

-

Deportivo Anzoátegui ANZ

-

FINALIZADO
Caracas Fútbol Club CAR

0

Trujillanos TRU

0

ATP Bastad
Richard Gasquet Richard Gasquet
-
Fabio Fognini Fabio Fognini
-
ATP Umag
Guido Pella Guido Pella
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Marco Cecchinato Marco Cecchinato
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ATP Newport
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Ramkumar Ramanathan Ramkumar Ramanathan
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Mandy Minella MIN
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WTA Bucarest
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Petra Martic MAR
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De la duda con Cristiano y Piqué a la seguridad con Carvajal y Busi

MR. PENTLAND

Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento.

Autor: Alfredo Matilla

MR. PENTLAND

De la duda con Cristiano y Piqué a la seguridad con Carvajal y Busi

De la duda con Cristiano y Piqué a la seguridad con Carvajal y Busi

Rodolfo Molina

DIARIO AS

Un Madrid-Barça, sea donde sea y a la distancia que se encuentren los equipos entre sí, es tan placentero como leer a David Trueba, comer alitas de pollo y cobrar la paga extra.

La mente es selectiva, caprichosa y, si me apuran, especial. Ya lo saben: el mundo es el mismo para todos y, sin embargo, cada uno de nosotros guardamos una imagen de él y le damos un sentido diferente porque hay tantas perspectivas como seres humanos. Pero la mente, además de cambiante, también es moldeable. El fútbol es el mejor escenario donde poder confirmarlo. El foco con el que uno observaba de pequeño un Clásico no tiene nada que ver con el que se utiliza con la personalidad ya (de)formada. Mi evolución en estos partidos pata negra ha variado desde que era un proyecto de futbolista hasta el perfil de aficionado, pasando por la condición de periodista y acabando por la de futuro psicólogo y entrenador. Entre Liga, Champions, Copa y las Supercopas de España me he dado cuenta de que ya llevó 82 Clásicos a cuestas, que se suman a los otros cientos que tantas veces me han dibujado mi padre o los veteranos del diario. Y, para mí, todos tienen un denominador común a la hora de vivirlos: duran mucho menos o se consumen bastante más rápido que los demás partidos y cada día que pasa disfruto más con ellos. Un Madrid-Barça, sea donde sea y a la distancia que se encuentren los equipos entre sí, es tan placentero como leer a David Trueba, comer alitas de pollo y cobrar la paga extra.

Las primeras imágenes que guardo de un Clásico fueron las de un duelo de 1988 en el que Carrasco y Lineker tumbaron al Madrid (2-0). Era un simple crío de seis años en busca de las primeras emociones, así que, como no daba clases de religión y no iba al cole cuando había huelgas, lo suyo era seguir con esa línea diferencial: sacar pecho por el Barça en el recreo cuando el resto presumía del Madrid. Por incordiar. El primer Barça-Madrid que vi completo (antes denominado comúnmente derbi), esta vez como seguidor consciente de las reglas, de las tensiones y de sus polémicas, fue el primero que vivió Cruyff en el banquillo. Fue un 3-2 en el Bernabéu (1990) en el que Aloisio y Koeman acabaron expulsados. Después, llegó el primer Clásico con la óptica de jugador. Aquellos empates a dos a finales del siglo pasado en los que el entrenador me preguntaba al día siguiente, a modo de examen, por el papel de Hierro y Guardiola. Hace trece años llegó el estreno como periodista (0-3 con Ronaldinho). Entre medias, llegó algún otro por el que tuve incluso que esconderme de una boda en un cortijo para poder ver el partido en un bar a 5 kilómetros con su cubata en vaso de tubo (1-2 con Cristiano ensayando el alirón). Y ahora, esté sábado, llega el primero que veré desde la grada. A los 35 años, sin haberme perdido ni uno de los enfrentamientos que ha habido por el camino y con la curiosidad de lo inesperado que está por llegar.

Me explico. Hace una semana un compañero de trabajo me pidió un reportaje que nada tiene que ver sobre el encuentro del domingo. La consigna era enfocarlo sobre los entrenadores que darán que hablar en el futuro. Y sin pretenderlo, el bueno de Zapico me ha cambiado el paso y trastornado. Desde entonces no he parado de pensar para poder dar en la diana. Como mi opinión es simplemente una más y carece del rigor que da la ciencia, decidí preguntar a los especialistas. Así, ya tengo en mi poder una selecta lista que lidera Fernando Redondo y en la que también destaca con la pizarra Iraola. Sin embargo, no he conseguido aún desconectar el chip inoculado y llevo días intentando adelantarme a los tiempos e ir más allá para extrapolar el encargo al Clásico que se nos echa encima. La misión es averiguar qué jugadores se sentarán en los banquillos cuando cuelguen las botas.

De todo se aprende. Así que intentaré ser prudente. De mi primer Barça-Madrid jamás podría imaginar que Schuster o Buyo se dedicaran a entrenar (al menos antes), ya que eran dos espíritus indomables. Así que ahora no seré tajante con dos jugadorazos del mismo pelo como Piqué y Cristiano, y me decantaré por los que veo más cercanos a entrenar en diez años, mientras que no desvelaré a los que descartaría de inmediato. Los textos en internet jamás caducan, con el peligro que eso entraña para la credibilidad. Son perennes. En el Madrid me decantaría por Carvajal, Nacho, Vallejo y, si me apuran, por Casemiro. Benzema, como me pasó con Zidane, sería la sorpresa. En el Barça me quedo con Mascherano, Busquets, Rakitic e igual Denis. A Suárez no le veo apelando a la calma, a Messi no lo imagino dando una charla y a Arda, qué quieren que les diga, ya dudo de que hasta le siga gustando esto y que ni siquiera vea un Clásico apasionante que yo no me pienso perder. Ya lo ven. El fútbol, como la vida misma, es cuestión de perspectivas.

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