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El Málaga tentó a Puskas, pero...

Moreno de Luna fue un gran presidente del Málaga. Personaje de ímpetu, alcalde de Fuengirola, presidente del Sindicato de Hostelería, uno de los impulsores, en aquel tiempo, de la emergente industria turística española. Uno más de los admiradores de Bernabéu en aquella época, copió cosas de él. Intentó, y casi lo consigue, que Puskas se retirara en el Málaga, ya con los cuarenta cumplidos.


Moreno de Luna llegó al club en enero de 1963. Entonces el Málaga estaba en Primera, pero en dificultades. Tantas, que se le fue irremediablemente a Segunda, y con un fuerte déficit. Buscó la solución en el Madrid. Tenía un jugador estrella, Alberto Suárez, conocido futbolísticamente como Pipi. Al Madrid le interesaba. Era un buen interior de ataque, que en aquellos años de reciente prohibición de fichajes de extranjeros (que duraría de 1962 a 1973, el año en que vino Cruyff) era de lo mejor que ofrecía el mercado. Podía hacer pareja con Amancio, si este jugaba de extremo, o ser un buen reemplazo de él como media punta. Visto con perspectiva, Moreno de Luna hizo una buena operación. A cambio de Pipi le sacó al Madrid un millón de pesetas, más las cesiones de los extremos Rovira y Otiñano y el interior Velázquez. Luego, ante una serie de bajas en la defensa, también fue Antonio Ruiz, medio defensivo o central.


Moreno de Luna contrató también como entrenador a José María Zárraga, cinco veces campeón de la Copa de Europa con el Madrid de Di Stéfano. El presidente malaguista esperaba de él que trasladara al Málaga el espíritu Real Madrid. Zárraga recogió un equipo descendido, a reconstruir y sin su gran estrella, Pipi. Pero supo organizar un buen equipo, primero como entrenador, luego como secretario técnico. A final de temporada se dio el gusto de ganar el trofeo Costa del Sol, precisamente ante el Madrid, que acudió como parte de la operación Pipi. Un año más tarde, el Málaga estaba de vuelta en Primera, movido sobre todo por Velázquez, llamado a hacer pronto una larga y exitosa carrera en el Madrid. Y fueron saliendo buenos jugadores de la cantera, según la política que en esos años emprendieron mano a mano Moreno de Luna y Zárraga. De aquella siembra salieron los Aragón, Benítez, Berruezo (malogrado cuando, una vez traspasado al Sevilla, falleció por un paro cardiaco en Pasarón), Monreal, Jorge, Espejo, Conejo... Aquellos fueron los ye-yés del Málaga. Siempre en la senda de Bernabéu, Moreno de Luna creó una sección de baloncesto, dirigida por Miguel Queipo de Llano, antecedente del actual Unicaja Málaga.


Mientras, al Madrid lo de Pipi le había salido regular. Jugaba poco. El ala derecha del ataque se había consolidado con Serena (un ye-yé de la cantera) y Amancio. Además, a Bernabéu aquel apodo de Pipi, no le parecía serio. En la 64-65, además, llegó al Madrid un tal Pirri, procedente del Granada. Pipi y Pirri en una alineación se prestaba a bromas, más en una época en la que fue célebre una pareja de gemelas, actrices-bailarinas llamadas Pili y Mili. Bernabéu presionó a los periódicos para que les llamaran Suárez y Martínez, y así aparecen en algunas alineaciones de aquel curso. Pero la inercia se impuso. Eran Pipi y Pirri y así se les siguió conociendo. Pipi siempre sospechó que aquella coincidencia le perjudicó. Acabó por ser traspasado al Sevilla. Pirri resultó inamovible, con su apodo y todo.


Por su parte, Puskas envejecía y engordaba. Aquel año ya había pasado los 38. Di Stéfano se había ido al Español, donde agotaría sus dos últimos años. Puskas, por pura clase, cada día más gordo y metiéndose cada vez más arriba, sobrevivió como titular durante media campaña 64-65, hasta que Velázquez, regresado ya de Málaga, se quedó con su diez, en una delantera formada por Serena, Amancio, Grosso, él y Gento. Pirri se instaló como medio, junto a Zoco. Había equipo para años. Puskas sólo jugó en esa Liga 18 partidos, en los que dejó 11 goles.


El curso siguiente, que empezó con 38 y acabó con 39, ya fue suplente. Ocho partidos y cuatro goles en Liga. Su canto del cisne fue en septiembre de 1965, ante el Feyenoord, antes del boom holandés. Faltaron Amancio y Velázquez, jugó él y marcó cuatro goles. Estaba muy gordo, pero mantenía una precisión para el tiro con la izquierda que no se ha vuelto a ver. Luego regresó a la suplencia. Fue ejemplar. Jugó los amistosos de los jueves, en los que el Madrid solía recibir a equipos de Segunda de ida o vuelta por España para mantener en forma a los reservas, recuperar lesionados y foguear promesas.


Aquel año los ye-yés ganaron la Copa de Europa, en Bruselas, al Partizán. Él viajó como suplente. Decidió retirarse, el mismo verano que lo hizo Di Stéfano, tras dos temporadas en el Español. Ambos se acercaban ya a los 40. Entonces fue cuando acudió a él Moreno de Luna, con su oferta para el Málaga, que acababa de bajar, tras ser el cuarto por la cola y perder la promoción con el Granada. No había hecho mal campeonato, pero le había faltado gol. Con 24 en 30 partidos, había sido el equipo menos goleador de la categoría. Y Moreno de Luna pensó en Puskas.
Puskas quería manejar directamente su negocio, una fábrica de salchichas que cuadraba con su cada vez más oronda figura. Y no le hacía gracia jugar en Segunda. Con todo, por complacer a Zárraga, su viejo compañero del Madrid, fue a entrenar unos días. Benítez, jugador de la época, recuerda aquello:


-Vino, se desvistió y le vimos tal barriga que nos reímos. Él nos dijo: "¿Qué, hijoputas?", porque era muy taquero: "¿Os reís del comandante?". Había sido comandante del Ejército húngaro. "Pues ahí fuera nos vemos". Salimos y nos desafió a tirar desde fuera del área al larguero. Tiró cinco y pegó las cinco. De nosotros, el que más, pegó una. Se reía: "¿Y ahora, qué, hijoputas?". Lo pasamos formidable.


No se decidió. Lo más que consiguió Moreno de Luna fue que, ya en febrero, aceptara jugar un amistoso contra el Odense. La Rosaleda se llenó. La delantera la formaron Aragón, Valenzuela, Pepillo, Puskas y Cabrera. Pepillo había estado unos años en el Madrid como suplente de Di Stéfano. Aragón es el padre de este otro Aragón que le dio una Supercopa al Madrid con un golazo de lejos y luego triunfó en el Zaragoza. Siempre Madrid y Málaga entrelazados.


Demasiado mayor, demasiado gordo, demasiado estático. Cazó dos zambombazos desde fuera del área que se escaparon junto al palo. Eso fue todo. En el fondo, según me contó años después, lo prefirió. Había accedido ante la insistencia de Zárraga y Moreno de Luna, pero aquello no tenía sentido. "Menos mal que no metí gol. Si lo meto, igual me dejo convencer".
Y aun sin Puskas, el Málaga regresó a Primera aquella temporada. Tenía realmente un buen equipo.