Han vuelto las alineaciones 'de memoria'
Carmelo; Orúe, Garay. Canito; Mauri, Maguregui; Arteche, Marcaida, Arieta, Uribe y Gaínza. Esa fue la alineación del Athetic de Bilbao (entonces Atlético de Bilbao, porque el franquismo proscribió las nominaciones extranjeras en los clubes de fútbol y en varios ámbitos más) que hizo doblete en 1956. Todos los de nuestra generación la sabemos aún repetir de memoria. Quizá, porque en aquel tiempo casi todos éramos de ese equipo, cuando menos como segunda opción. También, pienso, porque el ‘Dinámico’, un calendario de Liga que se sigue editando en Zaragoza y que entonces se compraba masivamente, los colocó en la portadilla, con sus caras.
Era tiempo de alineaciones de memoria. Todavía los de mi quinta y las anteriores a la mía solemos hacer justas de alineaciones, evocando las de los años cincuenta y sesenta de todos los equipos. Una especie de identificación entre los aficionados ‘de verdad’ y los que no lo son tanto. Me honro de conocer al que, a falta de competición oficial, tengo por campeón de España en la materia: Bernando Salazar, nieto, por cierto, por vía materna, del fundador del Atlético de Madrid, Eduardo de Acha.
En el tiempo no sólo nos sabíamos las alineaciones, sino nombre y dos apellidos de todos los jugadores notables. Eso era un paso más. ¿Por qué sabíamos todo eso? Sed indulgentes con nosotros. Entonces no había muchas más cosas de qué ocuparse. No había tele, los toros eran una cosa de los mayores, deportes que ahora son tan seguidos como el baloncesto, el tenis, los de motor, etcétera, no estaban presentes. En España los extendió, precisamente, la televisión, avanzando ya los sesenta. El deporte era, para España, lo que se ha dado en llamar la ‘trilogía clásica’. Fútbol, ciclismo y boxeo. El ciclismo era estacional, como ahora, y el boxeo, esporádico. El fútbol lo ocupaba casi todo. Con él sólo rivalizaba el cine.
Y todos los equipos, no sólo el Athletic de Bilbao (al que llamábamos ‘el Bilbao’, sin saber que eso molestaba allí), tenían ‘alineación de memoria. Once titulares para todo el año, salvo lesión larga. Las lesiones cortas hacían que el suplente, una vez cubierta la emergencia, regresara a la grada (tiempos sin sustituciones, más que la del portero en caso de lesión) y devolviera el puesto al titular
¿A qué viene todo esto? A que de repente, ha vuelto. Usted y yo podemos anticipar sin duda la alineación que va a sacar el Barça ante el Sevilla, o el Madrid ante el Atlético, o, con una duda menor, la del Atlético ante el Madrid. Un salto repentino, después de unos años en que con la posibilidad de cambios en cada partido, más las llamadas rotaciones para repartir la fatiga en temporadas cada vez más largas y cierta igualdad de calidad en varios puestos de la plantilla, los equipos variaban.
En este tiempo incluso ha habido quien consideraba que el equipo mejor, el ‘titular’, no tenía por qué ser el que empezara el partido, sino quizá el que lo terminara. Eso me explicaba un día Clemente sobre Sarabia: no jugaba de salida, pero sí al final, y eso no significaba que no fuera titular, sino al contrario. Al final es cuando más partidos se resuelven, me decía, y es así. Claro, eso escondía una razón de fondo: no veía a Sarabia jugador para los noventa minutos.
Y no es el único del que he escuchado esta teoría.
Pero he aquí que Barça, Madrid y Atlético, los tres primeros de la clase, tienen ahora alineación ‘de memoria’. La del Barça data ya de temporada y media, vino a nacer tras aquel célebre partido en Anoeta que Messi acabó de suplente porque estaba recién regresado de las vacaciones. Hasta entonces, Luis Enrique estaba dando bastantes palos de ciego. Por un tiempo, hasta Piqué fue suplente. Recuerdo bien que Luis Suárez, el del Balón de Oro, insistía con frecuencia en aquellas primeras semanas en cuál debería ser el equipo del Barça, con los jugadores que tenía. Empezó a serlo después de aquella catarsis de Anoeta, y hasta hoy:
Bravo; Alves, Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Rakitic, Busquets, Iniesta; Messi, Luis Suárez y Neymar. Con ese equipo (y el otro portero, Ter Stegen, según manda el ritual, en las otras competiciones) remontó el Barça aquella Liga, ganó Copa y Champions, ha vuelto a ganar esta Liga y está en la final de Copa. Poquísimas variaciones, menos que nadie. El Barça está corto de suplentes, Aleix Vidal y Turan no le han funcionado, casi puede decirse que sólo Sergi Roberto rinde honorablemente, en el puesto en que le pongan.
El Madrid lo tiene desde hace mucho menos. Hubieron de pasar unos cuantos partidos de Zidane para que se decidiera por Casemiro y alguno más, con la derrota de Wolfsburgo, para que asumiera que Carvajal es mucho más fiable que Danilo, por más que eso disguste al presidente. A Casemiro lo trajo Benítez, como a Lucas Vázquez, otro hombre que da equilibrio. Los utilizó siempre que hubo bajas, pero tuvo la mala suerte de que el día de la visita del Barça todos estaban curados. Temeroso del presidente, puso a todos los cromos caros en el campo, sin atender a otra consideración. La consecuencia fue un equipo precioso en la foto, pero que replegaba muy mal. Un equipo para golear a muchos, pero para ser barrido fácilmente por equipos de buen nivel. Y el Barça lo era, aún sin Messi, que sólo entró avanzada la segunda parte.
Zidane tardó en tomar las decisiones, pero las tomó. Mantener la BBC inamovible arriba (este año, además, han mejorado mucho Bale, lesiones aparte, y Benzema) obligaba a rediseñar el medio campo. Bastó con Casemiro entre Modric y Kroos. También escogió a Pepe, más defensa que Varane. Y Wolfsburgo le llevó a dejar a Danilo por imposible. Ni James ni Danilo ni Varane. Tres disgustos para el presi, pero no se puede tener todo. La BBC es un lujo (los tres se desentienden demasiado de lo de atrás) que hay que compensar. Y así ha quedado el Madrid de este tramo final:
Keylor Navas; Carvajal, Pepe, Sergio Ramos, Marcelo; Modric, Casemiro, Kroos; Bale, Benzema y Cristiano.
En cuanto al Atlético, Simeone empezó la temporada en una búsqueda por arriba que no le salía. Jackson no pitó, Vietto tampoco. Probó varias fórmulas, con el 4-3-3 y Carrasco a un lado. Le sostuvieron los goles de Griezmann y la estabilidad atrás. Finalmente se decidió por el 4-4-2, dejando a Carrasco como ‘arma secreta’ para segundas partes, como hizo en Múnich con éxito. Por suerte, Torres se ha ido viniendo arriba con la temporada (les suele ocurrir a los veteranos) y la está acabando de lujo. La pareja Griezmann-Torres asegura goles. Y Koke encuentra a Torres con una frecuencia ideal para meterle pases mortales. En el resto del equipo, Augusto, llegado en invierno, ha llenado hasta cierto punto el vacío de Tiago. Kranevitter aún no ha dado el salto. Augusto en el 4-4-2 o Carrasco para el 4-3-3, ésa es la única variante. Y últimamente me parece que empieza a dudar entre Savic y Giménez, por las intemperancias de éste, que con los años corregirá. Pero, en fin, casi todos apostaríamos porque en Milán saldrá con:
Oblak; Juanfran, Godín, Savic, Filipe Luis; Saúl, Gabi, Augusto, Koke; Torres y Griezmann.
¿Vuelven las alineaciones de memoria? Quizá sólo sea una coincidencia. Ya lo veremos.
Lo que no volverá es la sonoridad de aquellas, recitadas al uno, tres, dos, cinco. Fuera el equipo que fuera, sonaba bien. Sonaba con la contundencia recitada de cinco delanteros en línea. Ahora, acaban en dos o tres delanteros. Y, claro, no es igual.
Noticias relacionadas
Y de los segundos apellidos ya ni hablamos. No me sé ni el de Iniesta.
Pero aún recuerdo el de Luis Suárez, el nuestro, el Balón de Oro: Luis Suárez Miramontes.
