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Messi y los 'banquillazos' de Luis Enrique en los Clásicos

MR. PENTLAND

Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento.

Autor: Alfredo Matilla

Messi y los 'banquillazos' de Luis Enrique en los Clásicos

Más allá de los riesgos y la seguridad, el Clásico del sábado centra su debate en las posibilidades de que Messi sea titular o no en el Barça. Para ello, y como entretenimiento hasta que se conozcan los onces horas antes, seguramente jugaremos a ponernos en la piel del futbolista, en la de su técnico y hasta en la de sus compañeros y rivales. Hay que valorar si es arriesgada y conveniente su titularidad recién salido de una lesión de rodilla o si es mejor que comparezca en el tramo final. Nunca se sabe. Pero, sobre todo, intentamos averiguar qué incidencia puede tener una u otra decisión en el transcurso del partido y en el futuro, con tanta temporada por delante y con el Mundialito a la vuelta de la esquina. Está de sobra demostrado que una estrella sola puede marcar un Clásico. Ya sea por su bendita presencia o por su maldita ausencia.

Y más allá de la decisión final (apuesten), convendría escuchar y respetar lo que elija Luis Enrique (con permiso de Messi, claro). El asturiano ya ha vivido este tipo de partidos, como aficionado (blanco y azulgrana), como jugador y como entrenador, en los que un futbolista-bandera condiciona la previa, el partido y la resaca. Tiene experiencias para regalar desde todos los puntos de vista, algo que no puede decir casi nadie, y en diversas circunstancias, así que lo que decida, sea o no lo que más guste, estará más que sobradamente justificado.

Romario200

Luis Enrique sabe como nadie lo que supondría para el Madrid que Messi no jugara de inicio. Quizás una motivación extra. Puede que un hambre desmedida. Y seguramente una salida en tromba. Por unas razones bien distintas a las de ahora, el Madrid, su Madrid en los noventa, pasó por encima de un Barça sin una de sus estrellas en el Clásico del 7 de enero de 1995. Romario se quedó en el banquillo del Barça sin hablarse con Cruyff tras sus continuas espantadas a Brasil después de una primera temporada prodigiosa. Ese día, el equipo de Valdano, en el que jugaba el actual técnico del Barça, voló. Zamorano hizo tres goles en 39 minutos y el propio Luis Enrique y Amavisca cerraron una manita redentora tras el 5-0 sufrido sólo un año antes en el Camp Nou, curiosamente con Hierro y Butragueño, mástil y bandera del Madrid, en el banco junto a Benito Floro. Romario salió esa dura noche en el descanso, demasiado tarde y desganado, casi como castigo por su indisciplina, para hacer lo que pocos intuían: jugar sus últimos minutos con la camiseta del Barcelona.

Desde entonces, para el barcelonismo dejar a un ídolo sin jugar en un partido de esta altura parecía estar prácticamente prohibido. Sin embargo, Luis Enrique después pudo comprobar qué siente su propio equipo cuando no cuenta con su mejor hombre. Y las sensaciones tampoco son tan malas. Hay cierto aire de reivindicación. Riquelme, discutido siempre pese a ser el gran fichaje de su época en el Barcelona, se quedó en el banquillo en el Clásico de 2003, con Luis Enrique de azulgrana. Y el Barça mordió al Madrid de los galácticos. Empató con gol del propio Lucho, arañando un punto con tres canteranos motivadísimos (Puyol, Xavi y Gabri) y a pesar de jugar con una plantilla rota entrenada por Antic, con Bonano de portero y con Sorín tapando a Zidane.

Luchogol

La experiencia de no poner de titular a una estrella si no está apta, ya sea por lesión o rendimiento, salió bien en aquel partido porque el resto multiplicó sus prestaciones y se unió como pocas veces lo había hecho antes. Así que a Rijkaard, atrevido como pocos, no le importó repetir lo de dejar fuera a un referente a la temporada siguiente. Esta vez fue Kluivert, que salía de una lesión, como ahora Messi, y pese a no tener tanta influencia, tuvo mucha en aquel equipo. Se quedó en el banquillo del Bernabéu con mucho menos debate y más normalidad de la actual, pese a que era el tercer máximo goleador a pesar de haber estado lesionado y después de hacer 16 tantos la temporada anterior en Liga. Jugó Saviola por él, pero el holandés salió en la segunda parte e hizo uno de los goles decisivos de aquella victoria (1-2).

Con Iniesta también se vivió otro claro ejemplo. Sorprendió su suplencia en la temporada 2009-10 en Madrid´(ya lo habñia sido antes cuando buscaba un hueco), en una época en la que ya era indiscutible en el Barça. Unas molestias físicas en semanas anteriores le hicieron quedarse en el banquillo para no arriesgar ante el asombro general. El Barça ganó 0-2 y el Madrid de Pellegrini confirmó su desesperación por volver a perder un Clásico. La jugada salió perfecta, como la de la primera vuelta de ese curso en la que Pep hizo suplente a Ibra, luego lo sacó y el sueco decidió (1-0). Después, para rematar, ya con las estrategias demasiado estudiadas y con Luis Enrique atento como técnico de la casa, Guardiola dobló su apuesta y no sólo dejó a un pilar en el banquillo del Bernabéu en la 2011-12, sino que se atrevió a hacerlo con dos: Villa y Pedro. Que no eran ni son Messi pero que en ese Barça eran mucho. El resultado volvió a ser estupendo de nuevo (1-3). Así se confirmaba que no se acaba la vida por no alinear a una estrella. El Madrid también pudo comprobarlo en 2013 cuando Cristiano fue suplente en el Bernabéu con el campeonato decidido y la Champions acechando: el Madrid ganó 2-1 con Morata de titular.

Luchomessi

Ahora les toca a Messi y Luis Enrique otra vez decidir. Pueden que ya lo hayan hecho. Ya hay incluso informaciones que apuntan a que el argentino será suplente. Pero también hubo (des)informaciones hace semanas que aseguraban que el 10 no llegaba seguro a esta cita. Sea como fuere, nosotros, soñadores hasta la hora del partido, seguiremos dándole vueltas al tema. Los madridistas quizás son los que más claro lo tienen con el objetivo de recortar a toda costa los tres puntos de diferencia en la Liga: cuanto menos juegue, mejor. Pero los culés se dividirán. Por un lado estarán los temerosos de antaño (Era Romario y añadas anteriores) que ansían otra alegría y ven en el concurso de Messi la única vía para dejar al Madrid a seis puntos. O los ambiciosos como Iniesta, que no quieren concesiones: “Cuanto más juegue, mejor”. Pero por otro lado estarán los estrategas que entienden que en esta jornada no se juega aún una final, que llega pronto el Mundiato, que Iniesta puede jugar donde Messi con Busquets, Rakitic y Sergi Roberto en la medular y que el cuatro veces Balón de Oro, tras dos meses fuera, debe minimizar riesgos y siempre rendirá más cuando el resto se canse y las fuerzas se igualen con campo abierto. Ya lo demostró en el Calderón. Un ejemplo entre tantos del que puede valerse Luis Enrique, un clásico en el Clásico.