De las manoletinas a las ‘montalvinas’

Ahora que el Madrid ha multado a Illarramendi por recortar vaquillas me saltan a la memoria imágenes de un tiempo en que el fútbol no tomaba tantas cautelas, ni en el Madrid ni en general, y los jugadores se exponían con gloriosa irresponsabilidad en fiestas camperas, sin el menor disimulo. En realidad era algo casi clásico. Con frecuencia, cuando visitaba España algún equipo extranjero, selección o club, se le invitaba a una tienta, y siempre había algún jugador de los nuestros que se lanzaba. Y no hacía falta que fuera andaluz o salmantino, tierras ganaderas por excelencia. Gento, cántabro, era de los más atrevidos, y toreó muchas vaquillas en festivales benéficos. Un veterano periodista me contó que Segarra y Gensana despuntaron con el capote y la muleta en la finca de Sancho Dávila, expresidente de la Federación, en las vísperas de aquel célebre Betis-Barça del “ganaremos sin bajarnos del autobús”.
El tiempo hizo que los reglamentos internos de los clubes fueran proscribiendo esa práctica, por peligrosa, del mismo modo que los jugadores tienen prohibido montar en moto o practicar deportes de riesgo. Se entiende. En el Madrid posterior vulneró la prohibición Juanito, de sangre muy torera, que presumió de ello mostrando fotos y vídeos y se llevó una multa sonada. Más recientemente los ha habido que han toreado con discreción en la finca de algún amigo torero, pero la intención de este artículo no es delatarles.
La intención es contar cómo de diferentes eran las cosas tiempo atrás. En primavera de 1952 y dentro de los festejos de las Bodas de Oro del Madrid, que ese año cumplía los 50, se introdujo un evento taurino: un festival en homenaje a Vicente Pastor, El Chico de La Blusa, entonces ya muy mayor y en dificultades económicas. Vicente Pastor, madrileño él mismo, había tomado la alternativa de manos de Luis Mazzantini (gran espada y cantante de ópera) el mismo año en que naciera el Madrid, de ahí que se estableciera el vínculo. El Madrid no sólo auspició el homenaje y lo introdujo en la programación de sus Bodas de Oro, sino que le dotó de mayor atractivo al permitir que algunos de sus jugadores (entre ellos Molowny y Pahiño, las dos figuras del club en ese tiempo previo a la llegada de Di Stéfano) participaran activamente.
El cartel del festival (los toreros vestían de corto, no de luces) está encabezado por un letrero que reza: “Gran corrida homenaje a beneficio a Vicente Pastor… del Real Madrid C. de F. en sus Bodas de Oro”. Estuvo anunciada para el 29 de marzo, sábado (el domingo 30 no había Liga, por la selección), pero el mal tiempo aconsejó retrasarla hasta el jueves siguiente, 3 de abril. El Duque de Pinohermoso abriría plaza rejoneando un novillo de su propia ganadería. Luego actuarían tres figuras del momento, Domingo Ortega, Antonio Bienvenida y Luis Gómez, El Estudiante, más un jovencísimo Antoñete (17 años) que aparecía en el panorama como un trueno. Novillos de la viuda de Montalvo.
Y finalmente se anunciaba, como cierre del cartel, que Montalvo (nada que ver con la ganadería), finísimo medio o interior del Madrid, torearía y mataría un becerro, ayudado por una cuadrilla formada por cuatro compañeros de equipo: Molowny, Pahiño, Gabriel Alonso y González. La curiosidad por verles tiró tanto de la taquilla como la presencia de las figuras del toreo, y aunque la tarde fue gélida (hasta granizó), la plaza se llenó y a Vicente Pastor (al que Santiago Bernabéu impuso sobre el ruedo, nada más acabar el paseíllo, la insignia de oro y brillantes del club) le quedó un dinero. La gente le quería. Fue el primer torero al que se concedió una oreja en la plaza de Madrid.
Quedaban dos jornadas para acabar la Liga y el Madrid aún tenía posibilidades. El domingo recibía al Real Santander (estaba proscrito lo de Racing), pero a nadie extrañó que sus jugadores se expusieran. Otro tiempo. De Molowny y Pahiño ya he dicho que eran las máximas estrellas. Gabriel Alonso era el lateral derecho titular, había estado en el Mundial de 1950, en sus botas arrancó la jugada del célebre gol de Zarra a los ingleses. González, defensa, jugaba menos, estuvo sólo un año en el club. (Su hijo fue muchos años jugador del Zaragoza y es tío de Lucas Alcaraz). En cuanto a Montalvo, llevaba varias temporadas en el Madrid. Para ese tiempo alternaba en la media con Muñoz y Zárraga.
