No nos hagamos líos con el fuera de juego

Alfredo Relaño
Actualizado a

Me temo que nos estamos haciendo un lío con el fuera de juego. Con su mejor intención, los que manejan el fútbol han tratado de dulcificar esta regla a costa de romper un cierto equilibrio ecológico que había funcionado hasta ahora. Y empiezan a pasar cosas raras. La más rara de todas, la que dio lugar al gol anotado por el Granada frente al Levante, con Iturra colocado mucho más allá de la barrera obstruyendo la visión de Keylor Navas en el tiro de Piti. Ese gol se dio por una instrucción del comité de árbitros que a su vez daba una interpretación a mi juicio demasiado osada de la última redacción de la norma.

 

Felizmente, en la reciente reunión de árbitros se le ha dado una vuelta al asunto y se ha acordado que goles así no se concederán en el futuro. Demos ese como un accidente, fruto de una confusión que ya pasó.

 

Pero temo que lleguen otras. Sobre el fuera de juego se introdujeron unas correcciones a partir de 1994, en base a combatir el efecto excesivo que estaba provocando la extensión de la ‘trampa del fuera de juego’, ardid antiguo, pero cuya definitiva explosión se produjo en los ochenta. Durante años se discutió mucho sobre eso. Algunos desde una perspectiva moral, definiendo esa práctica como una forma de sacar ventaja desleal del reglamento (Entre ellos Menotti, que cuando por fin la adaptó la redefinió como ‘achique de espacios’, argumentando que el verdadero fin sería dejar menos espacio en el medio campo para el juego del rival, y no dejar a los atacantes en fuera de juego). Otros (Clemente entre ellos), pensaban que era jugar con fuego, que era poner el partido en manos del linier.

 

Pero los liniers mejoraron mucho. Viendo el fútbol con perspectiva, tengo la impresión de que se afina muchísimo en esa jugada, y eso que es bien difícil. En España se afina especialmente, y ese es un mérito que me gusta atribuirle a Díaz Vega, al que discuto otras cosas.

 

El caso es que la trampa del fuera de juego empezó a comerse demasiadas jugadas de ataque y que no parecía justo. Una cosa es tomarse la ventaja de situarse más allá de la defensa para esperar el pase (en tiempos en Inglaterra se llamó ‘avance furtivo’) y otra ser pillado como incauto por cuatro defensas que pasan la semana ensayando cómo adelantarse todos a una.

 

De ahí vino lo de dejar pasar si se está en línea, que ya es una modificación, porque si se está en línea con el último defensa ya no hay dos (cuento con el portero, hablo del caso más común) entre el atacante y la línea de fondo.

 

Eso no me pareció mal. Más líos ha provocado lo de posición, más influencia, más intervención… Me parece que en eso nos hemos liado. En el criterio clásico, un jugador que estando en fuera de juego pretendía intervenir ya hacía falta, aunque no le enviaran el balón. Y aun si se abstenía visiblemente de intervenir se debía señalar el fuera de juego en caso de que a juicio del árbitro su presencia dificultara la visión del portero o el movimiento de algún defensa.

 

De esos polvos hemos caído en estos lodos. Al dejar gente que habite en fuera de juego siempre que no le manden el balón hemos destruido un equilibrio ecológico. Hubo quien enseguida se abrazó al nuevo criterio y hubo quien se mantuvo en el antiguo. Hace unas cuatro temporadas vi en un partido inglés, que lamento no recordar, una jugada curiosa, reflejo de cómo aquel árbitro seguía en el criterio previo: hubo un balón largo y alto lanzado desde el círculo central, al delantero centro, situado en fuera de juego; lo persiguió entre dos defensas, que cabecearon sucesivamente el balón para que no le llegara con tan mala fortuna que el cabezazo del segundo pasó sobre su propio portero y fue gol. El árbitro lo anuló y me pareció justo. El delantero no había tocado el balón, y sí sus defensas, pero su presencia ahí fue determinante para el autogol.

 

Una interpretación justa… pero contraria al criterio que ya entonces estaba recomendado aquí. Digo justa, como juicio propio, porque el delantero trató de sacar provecho de su posición adelantada y porque si se hubiera abstenido de perseguir el balón el gol, con seguridad, no se hubiese producido.

 

Pero deslizándonos por esa pendiente de que siempre que no toques el balón no haces falta acabamos en el esperpento del gol del otro día, cuando el golpe franco del Granada al Levante, con Iturra colado en la línea de vista del portero. Una acción fea, desleal con los principios del juego, casi humillante para el jugador enviado a la triste misión de colocarse ahí para tapar.

 

Dándole tantas vueltas a lo que no las tiene se había llegado a la recomendación de señalar falta si entre el estorbo y el portero había menos de metro y medio de distancia. Es obvio que a esa distancia se estorba para todo. Pero eso sirvió para deducir, mal, que a más de metro y medio no había problema. Y ese fue el error.

 

Lo malo es darle demasiadas vueltas a lo que no las tiene. Bien lo de la línea, o lo de dejar pasar en caso de duda. Mal deslizarse por la pendiente de que cualquiera pueda vivir en fuera de juego, que acabó con Iturra (y otros en esa jornada, en otros partidos) enviado a estorbar, sin más misión posible que esa, la de estorbar, porque si metido ahí coge un rebote y marca el gol no vale por fuera de juego.

 

En fin, que cuidadín. El Reglamento no fue una cosa que escribieran unos voluntariosos muchachos en 1863. Eso sólo fue el principio. Durante los sesenta años siguientes se fue reescribiendo. Aquellas primeras reglas no tenían ni áreas, ni penalti, ni árbitro… Todo fue surgiendo de forma natural y se creó una cosa que funcionó durante muchos años y conquistó el mundo.

 

Con el tiempo se han realizado algunas modificaciones interesantes, para resolver casos que clamaban al cielo. La cesión al portero, por ejemplo. Eso ha resuelto una enorme fuga de tiempo. La expulsión en caso de que la falta interrumpa una ocasión manifiesta de gol. Bien también, dolía ese tipo de jugadas. Pero ahí ya hubo un exceso: dentro del área no es necesaria la expulsión, el penalti ya es bastante castigo.

Noticias relacionadas

 

El Reglamento se debe tocar con cuidado. Y si no se hace, pasa lo que pasa, que nos metemos en líos innecesarios. Menos mal que en este caso y con buen criterio el comité deshace el entuerto.