El Barça se bajó del autobús

Alfredo Relaño
Actualizado a

“Al Betis le ganaremos sin bajarnos del autobús”.

Tal frase, atribuida en su día a Helenio Herrera, aún resuena, y eso que se remonta a la Liga 58-59. Helenio Herrera tenía sobrada fama de polémico y como entrenador del Sevilla que había sido, los béticos le miraban con especial recelo. Aquel estaba siendo además un gran año del Betis, su primer gran año desde la Guerra, el final de su travesía por el desierto. Había regresado a Primera. Ganó 2-4 al Sevilla en el estreno oficial del Sánchez Pizjuán. Para cuando el Barça tuvo que visitarle, ya a sólo cinco jornadas del final, el Betis estaba cuarto en la Liga, nada menos. Los béticos no cabían en sí de gozo.

“Al Betis le ganaremos sin bajarnos del autobús”. La frase, publicada en la prensa de Madrid tras la derrota del Barça en el Bernabéu, tres semanas antes de la visita al Betis, había montado un revuelo tremendo en Sevilla. Helenio Herrera desmintió haberlo dicho y pasados los años siguió negándolo, pero corrió como la pólvora por toda España y estalló como un petardo en las páginas de los periódicos de Sevilla. Al fin y al cabo, Helenio Herrera se caracterizaba, además de por su genialidad como entrenador, por sus frecuentes ocurrencias. “Que hablen de nosotros, aunque sea bien”, era su lema. Le gustaba provocar. En todos los campos le llamaban bocazas.

Pero eso amenazaba irse de las manos. El Barça, que el jueves previo a la visita al Betis jugó un amistoso en Málaga, homenaje a Eduardo Rubio (4-4), detectó por aquellas tierras que el ambiente seguía alborotado. Para dar sensación de sevillanía, Helenio Herrera aceptó la invitación para acudir el viernes a una tienta de vaquillas en la finca de Sancho Dávila, cerca de Jerez. Sancho Dávila había sido presidente de la federación no mucho antes y estaba interesado en la distensión. Se corrieron vaquillas y todos regresaron sorprendidos por lo bien que había toreado Gensana y decepcionados con el menú: era viernes de vigilia, y en lugar de la carne a la brasa que esperaban, y el chorizo tan propio de las fiestas camperas, Sancho Dávila, falangista de primera hora y devoto cumplidor de las normas de la Iglesia, sólo les dio tortilla de patatas.

Ya en Sevilla, Helenio Herrera recibe en el hotel Cristina a los periodistas del ABC y del Sevilla, diario local de la tarde, y hace declaraciones muy respetuosas. En la noche del sábado, José Samitier, que acompañó la expedición, da una conferencia. Tipo cordial, de vivísima inteligencia y fino humor, se metió al auditorio en el bolsillo.

El Barça se bajó del autobús


Pero que si quieres arroz, Catalina. A la hora del partido, jugado el Domingo de Ramos (22 de marzo de 1959) el ambiente está caldeadísimo. Lleno a reventar en el Villamarín, y eso que los precios fueron los mayores de la historia del club (hasta 450 pesetas) y tuvo que pagar todo el mundo, porque la fecha fue designada Día de las Instalaciones. Corrió que el Betis podría entrar en la Copa de Europa si el Madrid volvía a ganar la de ese año, como había ganado ya las tres primeras. El rumor estaba basado en que se iba a abrir la competición a los subcampeones de Liga, así que si el Madrid era campeón por cuarta vez (que lo sería) y acababa la Liga entre los dos primeros (acabaría segundo) su derecho beneficiaría al tercero. No había nada de eso, pero la voz corrió y le dio más pasión al partido. Los periódicos de Barcelona y Madrid enviaron a sus primeras figuras. La agencia EFE también, y aprovechó el partido para estrenar desde la Telefónica de Sevilla un nuevo sistema de transmisión.

Había optimismo en el Betis. Llevaba doce partidos en casa, con diez victorias, un empate y una derrota. En el Barça va a faltar Evaristo, lesionado de seriedad el domingo anterior, que es el máximo goleador de la Liga. Al llegar al Benito Villamarín, el autobús del Barça es aporreado por seguidores béticos. Los jugadores están echados en sus butacas, como si ninguno quisiera ser el primero en bajar. Helenio Herrera se pone de pie y levanta la voz:

—¿Qué pasa, chicos? ¿Os habéis creído de verdad que podéis ganar sin bajaros del autobús?

(La escena me la relata, pasados tantos años, José María Ducamp, periodista entonces de Vida Deportiva, que iba en el autobús, como José Luis Fernández Abajo, de Radio Juventud).

El partido empieza a las cuatro (hay procesión a las seis) con gran calor. Antonio Barrios, entrenador del Betis, saca a Domínguez; Portu, Ríos, Santos; Isidro, Valderas; Castaño, Moreira, Vila, Lasa y Del Sol. Helenio Herrera saca a Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Gensana, Segarra; Tejada, Ribelles, Eulogio Martínez, Suárez y Czibor. Ribelles sustituye a Kubala, del que Helenio Herrera solía prescindir fuera. Eulogio Martínez cubrió la baja de Evaristo. Arbitra Zariquiegui.

El primer tiempo es apasionante, con un Betis transportado por su público, y jugando bien. El Barça es un bloque muy sólido atrás y en la media, muy trabajador, con el tono que le ha querido dar HH, para liberar a los artistas del ataque. En el minuto 42, a la salida de un córner, y tras dos rebotes, Lasa marca de cerca, entre el entusiasmo local. Pero inmediatamente después del saque de centro, el Barça ataca en tromba, Domínguez rechaza de puños y el balón le va a Segarra, que cabecea de lejos por encima del portero, adelantado, y empata. El mal humor se apodera de las gradas y de los jugadores béticos. ¡Con lo que les había costado adelantarse!

Empieza la segunda parte y en el minuto 52 se adelanta el Barça, tras un forcejeo en el área de esos en los que hay de todo: empujones, agarrones… Los béticos reclaman que alguien ha agarrado a Valderas y que Czibor estaba en fuera de juego cuando marcó. Pero Zariquiegui, en medio del follón, ha optado por dar el gol. La irritación se apodera de Luis del Sol, que en la jugada inmediata al saque de centro le entra a Tejada con el pie en alto y le da una tremenda patada en la mandíbula. Zariquiegui le expulsa. Del Sol es el capitán y la estrella del Betis (fichará por el Madrid no mucho después) y sin él todo es otra cosa. El Betis se desahoga con juego duro, en un clima de pasión extralimitada, se olvida de jugar. El Barça hace el 1-3 con Segarra y el 1-4 con Czibor. Castaño descuenta para el Betis y finalmente Ribelles hace el 2-5. El Barça se retira líder, con 44 puntos, dos más que el Madrid, que ya no podrá alcanzarle. Helenio Herrera disfrutará del título cinco jornadas más tarde, con números récord para la época: 51 puntos y 96 goles marcados frente a 27 encajados.

Fue un gran campeonato del Barça, pero de ningún partido quedó tan orgulloso Helenio Herrera como de aquel. Me lo decía muchos años después, en una conversación que mantuvimos en la Plaza Mayor de Madrid. Y me insistió:

—Yo nunca dije esa frase. Con todas las que dije, esa sin embargo no la dije. Ahora no me importaría reconocerlo si fuera verdad, pero no la dije. ¡Y la que se armó!