La universalidad del Madrid, el Barça y Nadal
Me lo dijeron dos días antes, y al principio me parecía una broma:
-Lang Lang va a visitar El País el martes, y tiene mucho interés en visitar también la redacción de AS.
-¡Venga ya…!
-No, de verdad, que sigue mucho el deporte español a través de vuestra web y cuando ha sabido que estábamos juntos dijo que tenía mucho interés en visitaros.
Los martes siempre hay reunión de diez a once, en el generalato de PRISA Noticias, para comentar la marcha de las cosas. Cuando bajé, a las once, ya estaba ahí Lang Lang, con Javier Moreno, director de El País. Alejandro Elortegui y Juan Cantón le estaban entreteniendo mientras yo, que me había demorado algo arriba, bajaba. Casi lo había olvidado.
Me impresionó verle ahí, con un aire de muchacho alegre y sencillo, y recuerdo que cuando le di la mano tuve una impresión de estar haciendo algo imprudente. Me gusta dar la mano fuerte, me desagradan esos que te dan la mano como una trucha fría, pero no dejé de pensar que estaba apretando una mano que toca el piano mejor que ninguna otra en la tierra… si no se cuenta la izquierda del propio Lang Lang. Por un momento, me pareció tener un jarrón chino de la dinastía Ming entre las manos, temeroso de que se me cayera, así que solté rápidamente.
En mi despacho se entusiasmó con el cuadro de Jordan, que junto a los de Alí y Pelé tengo colgados, como los tres más grandes de la historia, a mi parecer. Me dijo que coincidía con el podio. Es normal: nadie hasta ahora me la ha objetado.
Luego pasamos a nuestra sala noble, esa en la que hacemos reuniones y comidas con invitados de postín, de las que les damos cuenta en AS. Está decorada con las fotos de todos los grandes sucesos (ya se nos queda chica) que han ocurrido en nuestro deporte desde que PRISA entró en la gestión del periódico, que es el mismo tiempo que llevo yo en su dirección. Gasol, Alonso, La Roja… ¡Nadal! Le entusiasmó Nadal, pero le entusiasmó más aún el cuadro de los galácticos, en el que aparecen Figo, Beckham, Ronaldo, Zidane y Raúl regresando juntos, como una delantera clásica, tras un gol en Roma. Es una foto que impacta. Siempre evitaron hacérsela, procuraban no dar lugar a ella ni de forma casual, en los entrenamientos, pero esa única vez salió. La composición es perfecta.
No fue el primero al que impresionó el cuadro. Ya lo hemos repuesto cuatro veces. Se lo regalamos a Florentino, en una visita que empieza a quedar lejana, en el tiempo y en cosas más serias, a Ronaldo y a Figo, siempre porque noté que en su visita los ojos se les iban al cuadro. Como ayer a Lang Lang.
(Estaba descolgándoselo yo mismo cuando apareció Roncero, lo que dio lugar a un gag que casi pareció preparado. En compensación por el susto le cayó la tarea de escribir para las centrales del periódico la crónica de la visita).
Le dimos también una colección de videolibros de la historia del Madrid, y algún regalo más, que disfrutó como un chiquillo. Me pidió un AS dedicado, me firmó un CD con horas de su arte. Ponderó otra foto, de Guardiola en el aire, levitado por sus jugadores, enmarcado por seis pequeñas de Puyol levantando otras tantas veces copas de plata, todas las de aquel primer año mágico de Guardiola. No es del Madrid ni del Barça, me dijo, sino del arte en el fútbol. De ‘Los Galácticos’, del Barça, de La Roja… Pero me pareció que lo que sobre todo le tira es Nadal.
Cuando se fue, dejando una sensación de grata sencillez, reparé una vez más en el gran capital que para España suponen nuestros deportistas, de su condición de mitos universales. Que un joven chino de 31 años, convertido en celebridad mundial por su virtuosismo en el piano, esté al tanto del deporte español, que lo busque en AS.com (tenemos versión en inglés, todo hay que decirlo) y que muestre el grado de conocimiento y afición que mostró a él resulta de verdad notable.
Es una fortuna, en estos tiempos en que la venta de la prensa de papel empieza a ser cada vez más difícil, estar en un periódico deportivo español. Ya más del cuarenta por ciento de nuestro tráfico viene fuera de España, los compradores que perdemos aquí los multiplicamos aquí mismo, porque el mensaje les llega a través de la web, pero además ésta salta fronteras y océanos. Hace poco, en un viaje a Sudamérica (extensión de aquel chasco olímpico en Buenos Aires a Santiago de Chile y Bogotá), me encontré lo mismo. Las cosas del Madrid y el Barça son conocidas al minuto y al detalle. No sólo es que sepan que no juega Casillas sino Diego López, sino por qué pasa eso y cuál ha sido la trayectoria de Diego López desde que se hizo en la cantera del Madrid hasta que regresó al club. Y el día que Piqué cuestionó el ‘tiqui-taca’, que me pilló con Bogotá, en la comida con el generalato del Tiempo (el gran periódico de allí) era difícil hablar de otra cosa. Por cierto, todos me preguntaban por Roncero, sobre todo por él, y por otras firmas del periódico. Y se interesaban por la línea editorial, que conocían al dedillo.
Cuando veo gente que predica, con pesimismo equivocado o mala fe peor disimulada, la decadencia de la prensa deportiva española, pienso lo atrasados que están. Ante nosotros se abre un horizonte enorme, tenemos más clientes que nunca, nuestro mensaje llega más lejos. Y ya empieza a ser rentable.
Si sólo tuviéramos el periódico de papel, ¿de qué iba a habernos conocido Lang Lang?



