La derrota de Marta
Marta Domínguez fracasó sin paliativos en la final olímpica de los 3.000 metros obstáculos. Una duodécima posición, lejos incluso del diploma olímpico (ocho primeros) es un fallo total. Estoy seguro de que ella esperaba bastante más.
Pero no seré yo quien aproveche ahora para criticar desaforadamente a la atleta palentina. Simplemente quiero decir que deportivamente me decepcionó, porque esperaba bastante más de ella. Estuvo fuera de carrera, muy lejos de las mejores, sin opciones. Son hechos. No se ha recuperado plenamente.
Desconozco si Marta va a continuar en el atletismo la próxima temporada, pero parece ya seguro que la palentina (35 años) no subirá jamás a un podio olímpico y no cumplirá uno de sus sueños más queridos: llevarse una medalla de los Juegos. El tiempo corre ya en su contra y la atleta, que ha conquistado metales en Mundiales, Europeos, en pista cubierta, al aire libre y hasta en campo a través, no podrá completar su inmensa colección con lo que más deseaba.
Pero, en conjunto, retirarse sin haber subido a un podio olímpico no debe considerarse un fracaso, porque las medallas en los Juegos son muy difíciles de conseguir, casi imposibles para la inmensa mayoría de los atletas, aunque sean de superélite. Véase Asafa Powell.
YELENA ISINBAYEVA
Y vamos con otro tema, también relativo a mujeres. Yelena Isinbayeva, la pertiguista rusa, ha comentado que el bronce de Londres le sabe a oro, pero evidentemente ella hubiera preferido otra cosa que esa tercera posición. Yelena venía con pocas competiciones, pero con la aureola de haber resucitado tras un largo vía crucis: el pasado invierno, en pista cubierta, ganó el título mundial en Estambul y batió el récord del mundo con 5,01.
La zarina había vuelto, pero no ha vuelto del todo. Hay que reconocer que está lejos de sus mejores tiempos y que ya no intimida como antes a sus rivales. En el buen sentido de la palabra, podríamos decir que las más fuertes le han perdido el respeto.
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La de Londres no fue una competición de excelentes marcas, pero sí resultó reñida y bella, emocionante hasta el último momento. La estadounidense Jennifer Suhr, llamada Stuczynski de soltera, consiguió por fin una medalla de oro en la alta competición. Lo mejor que tenía hasta ahora, y no resulta escaso, eran medallas de plata en los Juegos de Pekín 2008 y en los Mundiales en pista cubierta de Valencia 2008, en ambos casos tras Isinbayeva, y una cuarta posición en los Mundiales de Daegu 2011. Es unos meses mayor que Yelena, así que no podemos hablar de relevo generacional.
Si se puede hablar en el caso de Yarisley Silva, que tiene ahora 25 años, cinco menos que sus oponentes, y que está progresando extraordinariamente. Es una atleta muy potente y competitiva, que ya fue quinta en Daegu y que en la capital británica ha batido el récord de su país. Una insigne representante de la pértiga cubana, que no tenía hasta hace poco una gran tradición. Pero es que el sistema deportivo de la isla caribeña es capaz de sacar atletas de debajo de las piedras.
