Quadra-Salcedo: el "terror" de la jabalina a la española

Ángel Cruz
Actualizado a

QUADRA-SALCEDO jabalina“Todos hemos querido ser periodistas después de ver en televisión a Miguel de la Quadra-Salcedo”, dijo un día Antonio Muñoz Molina, extraordinario escritor, autor, entre otras maravillas, de El Jinete Polaco. Pues sí, es verdad. Yo, de pequeño quería ser piloto de caza (cosas de la insensatez infantil, o de que tuve un tío héroe de guerra que murió estrellado en Reus), pero también, lo confieso, me abrí al periodismo con las hazañas bélicas de Miguel, sobre todo en Vietnam. Allí estuvo empotrado como se dice ahora, en una patrulla de marines, en la jungla, con el Vietcong por todos lados. Ya lo sabéis: Miguel ha muerto, a los 84 años. Lo siento en el alma.

Quadra-Salcedo: el "terror" de la jabalina a la española

Miguel de la Quadra-Salcedo era periodista, aventurero, personaje entrañable, hombre poderoso físicamente, excelente atleta. Un innovador que obligó a la Federación Internacional de Atletismo a cambiar nada menos que el reglamento para impedir que el Estilo Español de Jabalina irrumpiese en los Juegos Olímpicos de Melbourne y se llevase la medalla de oro.

En este post no quiero, ni puedo, escribir una biografía de Miguel de la Quadra-Salcedo. No se precisaría un post, sino una enciclopedia. Pero sí quiero dar algunos apuntes.

Nació en Madrid el 20 de abril de 1932, pero cuando tenía cinco años sus padres se trasladaron a Pamplona, donde estudió Peritaje Agrícola. Destacó en atletismo poderosamente y llegó a formar parte de la sección del Real Madrid. Fue campeón de España de peso dos veces (1955 y 1956), seis de disco (1953, 1955, 1956, 1958, 1959 y 1960) y una de martillo (1956). Es decir que en este año, en 1956, en la pista Cristo Cadenas, de Oviedo, ganó en las tres pruebas en la misma edición. Una proeza en tiempos muy, muy duros, en los que el atletismo (y otros muchos deportes) era una cosa de unos pocos chalados, en el inmejorable sentido de la palabra.

Batió siete récords en disco y seis en martillo. En ese mágico 1956 logró once de ellos. Llegó a acudir a los Juegos Olímpicos de Roma 1960, en los que hizo tres nulos en disco.

Curiosamente nunca fue campeón de España de lanzamiento de jabalina, la prueba que le iba a dar fama internacional. Y en la que a mediados de los años cincuenta a Miguel se le ocurrió aplicar a esta modalidad la técnica del lanzamiento de barra, perfeccionada por Félix Erausquin. Básicamente consistía en lanzar el dardo de forma similar al disco, con lo que adquiría una velocidad extrema.

Tuve la oportunidad hace ya bastantes años de recrear con Miguel, en las pistas del Consejo Superior de Deportes (a las que muchos seguimos llamando del INEF) esa forma de lanzar. Un reportaje para AS, de dos páginas. Una imagen de aquel momento, arriba. 

Miguel se vistió de corto, pidió una jabalina a los encargados de la instalación… y un cubo. Lo llenó de agua y le echó jabón, hasta hacer espuma. Luego se enjabonaba la mano derecha, agarraba el dardo, al que también mojaba para hacerlo resbaladizo y, en el pasillo de lanzamientos, avanzaba dando giros y hacía salir la jabalina a velocidad vertiginosa, aunque en aquella ocasión no se empleó a fondo.

En esos años cincuenta llegó a alcanzar los 112,30 metros, evidentemente fuera de un estadio. Solía lanzar en las pistas Universitarias de Madrid, muy cerca del CSD, en las que se realizaban muchas pruebas atléticas. Las salidas, por cierto, se daban a veces con una escopeta de cañones recortados, según cuentan los más veteranos.

En una de sus exhibiciones hubo decenas de miles de personas abarrotando el graderío. Cuando Miguel lanzaba más allá de los 100 metros, el récord mundial estaba en 83,66, por el polaco Janusz Sidlo.

Había un problema con la forma de lanzar de Miguel (y de otros españoles) y es que era difícil controlar la dirección de la jabalina, que podía convertirse en un arma mortal en manos de los más inexpertos. “¡Una bomba española que siembra el terror!”, llegó a titular el prestigioso L’Equipe. Se dice que en algunas pistas europeas hubo heridos y hasta muertos al caer la jabalina en las gradas. Quizá fueran simples rumores, pero la Federación Internacional cambió la normativa del lanzamiento para evitar que este estilo se generalizase. Desde entonces, el jabalinista nunca puede dar la espalda al sentido del lanzamiento.

Así, la posibilidad de un oro olímpico en Melbourne 1956 se evaporó. En todo caso, España no acudió a aquellos Juegos, por una circunstancia que no deja de ser anómala y curiosa. La Unión Soviética había invadido Hungría a sangre y fuego, con numerosos muertos en las calles de Budapest, y nuestro país decidió boicotear aquella edición… en la que sí estuvo presente la propia Hungría, que ya tenía un gobierno títere de la URSS.

En los Juegos Iberoamericanos de Santiago de Chile fue cuarto y decidió quedarse en América y retirarse del atletismo. Trabajó como etnobotánico, pagado por Colombia, en la selva del Amazonas y tras regresar a España fue contratado por Televisión Española e hizo historia como reportero en la guerra del Congo, en Vietnam y en el cruento golpe de estado de Pinochet en Chile.

Su última actividad profesional fue de tipo pedagógico: creó un programa cultural dedicado a chicos y chicas que se denominó, sucesivamente, Aventura 92, Ruta Quetzal y Ruta BBVA.

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Tuve el inmenso honor de trabajar con él en una revista pionera del deporte popular, llamada Jogging, que se estrenó con una magnífica portada de Miguel corriendo por la Playa de la Concha junto a Mario Vargas Llosa.

Descanse en paz un hombre que marcó una época en muchas cosas.