Ser fanático de la Selección tiene cada vez más ventajas. Primero,
te olvidas por un período largo de tiempo de las luchas cotidianas con tus
colegas del Atleti y del Barça. Ser del Madrid es un orgullo impagable, pero es
cierto que eso nos mantiene durante toda la temporada en un pulso permanente
donde los piques y los reproches terminan desgastando lo suyo. Pero cuando
llega el verano y aparece La Roja
todos nos olvidamos de nuestros colores particulares y unimos nuestras manos y
nuestros corazones en la misma dirección. El paraíso para un hincha de fútbol.
Como mucho hay que discutir si el profesor Del Bosque debe jugar con un pivote
o dos, o con Villa solo o con Torres o Llorente a su lado, o si debe ser
titular Cesc o Silva… Pecata minuta. Todos, al final y al cabo, lo que queremos
es que nuestra España del alma gane y nos permita hacer historia celebrando el
primer Mundial de nuestras vidas. Ver todas las plazas de España con gente
ataviada con la Roja
gritando “¡Yo soy español, español, español!” no tiene precio. Lo que no
consiguen los políticos lo que va a conseguir esta Selección integradora que ha
logrado que 46 millones de ciudadanos remen en la misma dirección aparcando por
un mes sus diferencias ideológicas, culturas, políticas y hasta raciales. Todos
somos de España, sin excepción, lo que nos convierte en un ejército invencible.
Con la ilusión no puede nada ni nadie y seguro que los hermanos paraguayos lo
entenderán cuando el sábado a las 10 de la noche se vean apeados de esa
semifinal que tienen guardado un hueco estelar para el equipo que mejor juega
al fútbol en el mundo.
El pasado fin de semana tuve la oportunidad de estar con mi
mujer y mi pequeño Marcos en Gandía, y allí me pararon multitud de chavales
jóvenes y lo que me gustó es que bastantes eran del Barça, el Athletic, el
Valencia y el Atlético de Madrid. Todos me decían: “Roncero, la Liga está aparcada. Lo
importante es que España nos de el Mundial y eso nos quede para siempre en
nuestras memorias”. Ese es el espíritu de La
Roja. Qué maravilla de diez días nos
esperan por delante. Primero, Paraguay. Luego, Alemania o Argentina. Y el 11 de
julio, ¿Brasil? Soñar no cuesta nada. ¡PODEMOS!