El día que me sentí Iker Casillas

El
pasado martes viví uno de mis sueños infantiles. Les confieso que pensé que me
iría de este mundo sin verlo cumplido, pero gracias a la gentileza de Bwin.com
puedo contar orgulloso a mi pequeño Marcos que su padre jugó un día un partido
en la alfombra mágica del Bernabéu. El partido montado entre periodistas fue
una gozada. Todo estaba muy bien organizado porque el Madrid tiene estructurado
este tipo de eventos de forma que te hace sentirse un jugador del Real Madrid
desde que entras al estadio. Nos cambiados en el vestuario del equipo
visitante, pero como ese fue en el que Mourinho dio la táctica para que el
Inter ganase
Indumentaria adecuada para la cita, y en mi caso con el orgullo añadido de lucir la camiseta de Casillas y el brazalete de capitán en mi brazo izquierdo. Sensación de fuerza, de honor, de poderío. Me llegué a responsabilizar como si de verdad fuese un partido oficial del Madrid. En el equipo de enfrente estaba de capitán mi admirado José Antonio Luque,. Un clásico impagable del periodista deportivo y uno de mis mejores amigos. Saltamos al césped con la megafonía poniendo las notas del We are the Champions. Casi me da algo. Pensé en Amsterdam, en París, en Glasgow… Ser Raúl o Hierro y escuchar ese himno levantando una Copa de Europa debe ser la releche. Empezó el partido y con los nervios lógicos por la magnitud del evento me comí dos goles. Dos remates cruzados y ajustados, pero como esas portería son eternas no hubo manera de llegar. Pero me serené, apreté mis guantes que llevaba dos años sin utilizar y me dije: “Tomás, llevas en la camiseta es escudo del Madrid y el brazalete de capitán. No hay nervios que valgan. Debes honrar esta camiseta sagrada”.
Juro que desde ese momento me puse las pilas. No sé de donde saqué la fuerza, pero desde ese instante disfruté como un niño y me veían infalible. Mi equipo remontó hasta el descanso (fuimos 3-2 al intermedio) y en esa media hora final no pudieron meterme ni uno más., Cuando atajé un remate envenenado la megafonía puso la música grabada de las gradas del Bernabéu en las noches mágicas: “Iker, Iker, Iker”. Casi me da un patatús.
Qué
fuerte. El césped es una maravilla y parece mentira que aquí Drenthe sed haya
tropezado alguna vez. El trío arbitral impecable. Gente que hacía el Tour del
Bernabéu animándonos desde
