"Cristiano y Messi llegan a la gente más que la ONU"
Miquel Silvestre completó con éxito 'La Ruta de los Exploradores Olvidados', una vuelta al mundo fruto de la cual ve a Real Madrid y Barcelona como los mejores embajadores para lograr un mundo más limpio


Está en Madrid, no sabe si viene o si va porque lo suyo es moverse. Miquel Silvestre (Denia, 1968) es viajero... y escritor. Su último reto, 'La Ruta de los Exploradores Olvidados', le animó a dar la vuelta al mundo y fruto de esa experiencia se le grabó a fuego un mantra que repite incluso en pleno barrio madrileño de Malasaña: "He visto que el gran problema del mundo es la generación de basura, el plástico está cubriendo el planeta. Y me vino una idea a la cabeza: Real Madrid y Barcelona serían los embajadores idóneos para concienciar a la gente. Todo el mundo les haría caso".
Le iba a preguntar por cómo nació la idea del viaje, pero cuente, cuente... ¿qué es eso del fútbol como vía para limpiar el planeta?
El Real Madrid y el Barcelona son dioses en la tierra. Todo el mundo los conoce. Los musulmanes más integristas tienen el Corán en el coche y la bandera del Barça en el bolsillo. En Malaisia he visto gente que se levantaba a las tres de la mañana para un partido de la Liga española, y era un Villarreal-Mallorca o algo así, con todos los respetos, pero no un Clásico. Si los jugadores del Madrid y el Barça hicieran un anuncio antes de sus partidos a favor de un mundo más limpio, hablando de reciclaje, pidiendo que no se tire tanta basura, el planeta cambiaría a mejor. Es que Cristiano o Messi llegan a la gente más que el secretario general de la ONU. Hay que acabar con todos esos vertederos incontrolados que nos destruyen. Ese es el mensaje que quiero dar.
Un mensaje que surge tras un viaje de un año alrededor del mundo siguiendo las huellas de grandes aventureros españoles. Lo bautizó como 'La Ruta de los Exploradores Olvidados'. Suena a Conrad, a Salgari, a Stevenson...
Pues sí, seguramente por mi pasión por viajar. Quizá es fruto del hartazgo que me provocaba la vida que llevaba hace apenas cuatro años.
¿Tan aburrida era?
Yo era registrador de la propiedad...
¿Como Raj...?
Sí, como Rajoy. Trabajaba en Zaragoza, me agobié y decidí tomarme un año sabático. Me fui a Irlanda, a encontrar la inspiración para escribir y aprender inglés. Allí descubrí la apasionante historia de Francisco de Cuéllar, capitán de un galeón español de la 'Armada Invencible', de los 25 barcos que naufragaron en aquellos mares, unos 7.000 españoles ahogados. Me interesé en esa historia, busqué información y decidí que lo que quería era investigar y escribir. Luego me fui a Estados Unidos, de San Agustín (St. Augustine, en inglés), fundada por Pedro Menéndez de Avilés, a California, siguiendo el rastro de Fray Junípero Serra. Descubrí a Juan Bautista de Anza, que cruzó el amenazante desierto de Arizona. Y me di cuenta de que antes de John Wayne ya había tipos bravos por allí. Posteriormente viajé por África, periplo que cuento en el libro 'Un millón de piedras', y definitivamente decidí que no quería volver a ser un oficinista.
Y por fin, en julio de 2011, arranca la aventura de las aventuras: de Madrid a Valdez (Alaska), 55.000 kilómetros en los que supongo que le pasó prácticamente de todo. ¿El mayor peligro?
Recuerdo dos sitios donde pasé miedo. En la India, por pilotaje. Allí conducen como asesinos, en mi vida he visto algo similar. Salvé la vida cinco o seis veces cada día. Me volví medio loco. Y donde me sentí amenazado fue en el barco en el que fui de Borneo a Mindanao (Filipinas). Lo utilizaba el gobierno malayo para deportar inmigrantes ilegales filipinos. Yo iba con unos 70 expresidiarios. Y estuve 36 horas con ellos. El ambiente se cortaba con un cuchillo. Al llegar a Zamboanga, en Mindanao, la ciudad estaba militarizada por la guerrilla islámica. Un entorno muy peligroso. Fueron unas horas de gran inquietud.
Endulcemos esto, cuéntenos alguna alegría.
Por ejemplo al visitar la tumba de Pedro Páez en Etiopía. Llegué allí tras superar un camino de cabras, en una loma a orilla del lago Tana. Cuando me encontré en el Palacio Catedral que él diseñó, me emocioné. Tras cruzar Egipto, Sudán y Etiopía por fin llegaba allí. Luego me entristecí, porque no había nada que le recordara. Todo estaba en ruinas. Otro momento grato fue en Filipinas, en la estatua de Magallanes. Yo era el primer español que llegaba en moto, o en bicicleta, en dos ruedas, vamos, hasta allí. Y eso es reconfortante, porque cuando uno abre una ruta nueva ya puede sentirse un explorador.
De casta le viene al galgo y a usted, de su madre.
Es tremenda. Compartí unas horas de esa aventura con ella (también cubrió gran parte del viaje con Alicia Sornosa). Voló a Katmandú, unas 15 horas, para ver a su hijo. Subimos en moto por las faldas del Annapurna. Inolvidable.
Ella es la primera que le anima a cruzar el mundo.
Lo que desea es que escriba. Me dice, 'tú eres escritor'. Y yo hago caso. Viajo y escribo.
Aunque no sé qué parte de emoción se pierde en ese viaje que va de la experiencia personal al papel.
Lo que se vive es muy intenso. No voy de héroe, no intento que la gente me admire, tan sólo cuento lo que he vivido. Utilizo un lenguaje llano y, por lo que me dicen en emails, me leen desde profesores universitarios a mecánicos. Me gusta.
Se maneja con la escritura pero antes, en cada uno de todos esos países, con la palabra. ¿En qué idiomas?
Me manejo con la sonrisa. Es el mejor pasaporte. Mi lema es 'very good, very good, my friend', y lo captan en todos los lugares. La gente te entra por la actitud; si tienes buena actitud, todo es posible. Y así conoces gente, y lugares extraños, y vives situaciones inesperadas.
Como ese Villarreal-Mallorca del que nos hablaba, de madrugada, en Kuala Lumpur...
Como eso. Pero es que el fútbol... no quiero repetirme, pero es que el fútbol no deja de sorprenderte. No sólo el Real Madrid y el Barcelona. La gente me hablaba de Raúl González...
Así, con apellido, para que no haya dudas...
Sí, con apellido. Y de otros jugadores. Y, cómo no, de la Selección española. En Trípoli me crucé con un niño con la camiseta de la Roja, pero también en otros sitios más cercanos culturalmente aunque alejados en lo futbolístico, como Vancouver, encontré un stand dedicado a artículos de la Selección.
Allí, en Canadá, tocaba a su fin una aventura en la que no estuvo solo del todo. 'Atrevida' le acompañó. Y que ninguna se ponga celosa.
Es mi moto, una BMW GS 1.200 30 Aniversario. Le puse ese nombre por una corbeta de la Expedición Malaespina del Siglo XVIII. Se la compré a BMW a un precio especial y estoy encantado con ella. Dicen que yo oculto las averías para seguir contando con el apoyo de BMW. Ni hablar, lo que pasa es que se porta muy bien.
Y usted, además, siente predilección por las motos.
Me viene de mi padre. Él sigue montando en Harley cada día, y tiene 75 años. Dice que montar en moto es la mejor gimnasia para la mente. Y yo hago lo mismo, desde que tuve una Montesa Cota o una Yamaha.
Cuida su moto, supongo que también su cuerpo.
Corro y hago pesas. Incluso durante ese año de viaje corrí todos los días. Era un modo de compensar lo de ir en moto. No puedo estarme quieto. -Pues mal lo debe estar pasando ahora que no viaja, en plena ciudad (las fotos se hicieron en Madrid), sin exploradores ni huellas que seguir.
La verdad es que ya tengo ganas de nuevos retos.
Por cierto, cuando vuelve a España, ¿dónde vive?
No tengo casa.
Noticias relacionadas
Diremos algo así como que su casa es el mundo.
Algo así.