Automovilismo | 24 HORAS DE LE MANS

Peregrinación a 'La Meca' del automovilismo mundial

AS acude a las 24 Horas de Le Mans a bordo de un S4

Pipo López
Redacción de AS
Actualizado a

Le Mans es al automovilismo, lo que Jerez o Assen al motociclismo. Más que una competición, las 24 Horas son 'La Meca' del buen aficionado, esa carrera a la que hay que acudir al menos una vez en la vida. Por lo menos así lo entienden en Francia, Bélgica, Gran Bretaña o Alemania, cuyos seguidores, la gran mayoría, se desplazan al mítico circuito de La Sarthe en automóvil. Una peregrinación a la que se ha sumado AS, en un viaje desde Madrid a la pista gala a bordo de la clase S de Audi, los modelos más deportivos de la marca alemana, cuyas potencias van desde los 333 caballos del S4 hasta los 520 del S8.

"Nuestra intención cuando iniciamos este viaje en 2006", asegura Fernando Saiz, director de comunicación de Audi en España, "fue intentar reproducir lo que viven la mayoría de aficionados que vienen a Le Mans desde toda Europa". Y ahí estábamos todos, puntuales a la cita en el Audi Forum de Madrid. Curiosamente, a pesar de la paliza de más de 1.200 kilómetros que nos quedaban por delante, nadie tenía gesto de preocupación por la que se nos avecinaba porque dicen que sarna con gusto no pica.

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Además de las acertadas escalas en las Bodegas Portia de Ribera de Duero y el restaurante Silken, el templo gastronómico de Vitoria, o las imponentes prestaciones de los S, lo que más ilusión hace al peregrino es la meta final: la carrera más importante del mundo, en la que este año de nuevo uno de los nuestros, Marc Gené, opta al triunfo, esta vez al volante de un Audi.

Una ilusión compartida con más de un cuarto de millón de almas que llevan toda la semana entrando por las puertas de Le Mans con sus variopintos coches, en un goteo incesante que llegará a su culminación cuando mañana, a las tres de la tarde, más de medio centenar de hombres enfundados en sus monos ignífugos y sus cascos comiencen la carrera hacia sus vehículos para iniciar el día más largo de sus vidas. Después aparecerá la lluvia, que nunca falla, llegará la noche, el café mantendrá los ojos abiertos, amanecerá y sólo un equipo podrá festejar la victoria más importante del año 24 horas después.

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