El lujazo de las motos
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A lo bueno se acostumbra uno rápido. Nos gusta más el jamón ibérico que la mortadela, los Audi que los Tata, el Vega Sicilia que el Don Simón, los Rolex que los Casio... y ganar que perder. En las motos, unos chavales excepcionales nos llevan a creer que eso de las poles y las victorias es cosa fácil, que cualquiera lo puede hacer... Pero no, la excelencia de ser el más rápido, el mejor, es la consecuencia de muchos esfuerzos, dedicación, decepciones, disgustos y caídas. Es lo que buscan todos en las carreras pero tenemos la suerte de que son los españoles los que lo consiguen con una frecuencia que puede llegar a resultar cansina... cuando desde luego que no lo es en absoluto.
Ojalá que no llegue el día en que echemos de menos esta época gloriosa, en la que ganar parecía un mero trámite, un asunto sin importancia. Yo me pasé una buena temporada como enviado especial a los grandes premios del As en los que para contar un triunfo debía cruzar los dedos, las cosas no salían ni para atrás. En ocasiones olvidamos, por lo bien que nos va todo, que hablamos de un Campeonato del Mundo, el escenario en el que se reúnen los mejores entre los mejores. Estos chicos no ganan en su barrio, en su ciudad, ni siquiera en su país... Su talento supera fronteras y su capacidad derrumba comparaciones. Y entre todos ellos, entre los que llegan de Alemania o Australia, de Malaisia o Estados Unidos, los nuestros parten la pana... Hoy nos pueden dar la alegría de otro pleno de victorias, así que la grandeza de su hegemonía no debe hacernos olvidar que lo que consiguen es más que meritorio.
