Iquique es la madre de todas las dunas
Los pilotos llegarán a un cerro que se levanta 744 metros sobre el nivel del mar y descenderán 2.200 metros con una pendiente media del 32%.


Del mismo modo que tenemos la madre de todas las batallas, ésta podría ser la madre de todas las dunas. Más que eso. Es una montaña, un salto al vacío con el mar Pacífico allí enfrente. El vértigo de lanzarse colina abajo a ciento y pico kilómetros por hora. Es el final de Iquique, uno de los puntos señalados en rojo en el Dakar de Sudamérica.
¿Quién será el valiente que gane aquí? Por lo pronto, Stephane Peterhansel busca el triplete. Por algo le llaman Monsieur Dakar... El francés ya fue ganador de esta etapa en 2010 y 2011, mientras que en 2009, en su debut en el Nuevo Continente, la carrera no pasó por Iquique. En lo que respecta a las motos, el triunfo de etapa correspondió en 2010 a Marc Coma (KTM) y en 2011 al portugués Paulo Gonçalves (BMW). El reto es mayúsculo. Los números no mienten. Tras 556 kilómetros de especial (el enlace en esta novena etapa es de apenas nueve para todas las categorías), los pilotos llegan a lo alto de una enorme duna. Y ahí, sólo los muy valientes no frenan. La mole, el cerro como lo llaman algunos por aquí, se levanta 744 metros sobre el nivel del mar. Son 2.200 metros de descenso y una bajada con una pendiente media del 32%. Pero es que en su primer tramo llega a alcanzar el 70% y durante un kilómetro se mantiene en un vertiginoso 42%.
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Todos le dan un valor extra a este final de etapa. Incluso el propio Etienne Lavigne, director de la carrera, al repasar el recorrido 2012, nos hablaba de "la gran Iquique". A los pilotos también les impresiona. "Lo cierto es que se ha convertido ya en una etapa señalada en el Dakar desde que se disputa en Sudamérica. La verdad es que impone, pero las motos no la bajamos tan rápido, lo hacemos a unos 120 por hora. Hay que echarle mucho valor", reconoce Marc Coma, que llegará líder a la cita.
Otro español, Nani Roma, ostenta el récord oficioso en Iquique, al bajar a más de 180 km/h. Lo hizo cuando pilotaba un Mitsubishi. "Es una pasada. El coche se lanza y es tremendo ver como se tira hacia el mar". Allí, junto a la orilla, espera la afición tras ver precipitarse a sus ídolos por una duna que no tiene fin.