La suspensión por la nieve divide a los pilotos
Mientras Al-Attiyah no creía que fuera justificada la decisión por la escasez del blanco elemento: "Sólo había un poquito", Roma apoyaba la opinión de la organización: "Han hecho lo que tenían que hacer"


Llegaron, en convoy pero llegaron. Entre la nieve de la cordillera andina, pero llegaron. Con el frío en las manos que a Joan Pedrero, por ejemplo, le impedía escribir en la tarjeta de los comisarios allí arriba, en el Paso de San Francisco, a 4.700 metros de altura sobre el nivel del mar. La caravana del Dakar llegó a Copiapó tras la etapa que no fue, la sexta, suspendida por las malas condiciones climáticas. Aunque no tan malas. Menos terreno para recortar diferencias pensarán Marc Coma y Nani Roma, nuestras bazas cara al título, más tiempo para pensar sobre la moto o en el coche. Ocho horas al tran tran dan para mucho
La etapa fue un sucedáneo porque, lo que debía ser un enlace de 394 kilómetros y una especial de 247, primer gran plato de los que nos reserva el desierto de Atacama, se convirtió en un paseo por las nubes. Entre nieve, sí, pero poca. O eso al menos se desprende de las palabras de algunos. "No había tanta. Creo, sinceramente, que ha venido bien para tratar de reagrupar a todos los pilotos, ya que las etapas anteriores habían sido muy duras y se corría el riesgo de que mucha gente se quedara fuera", apuntaba Jordi Viladoms, mientras se disponía a comer. El propio Al-Attiyah fue algo más lejos: "No había nieve, sólo un poquito. Se podía haber disputado la etapa. Con frío, pero se podía haber disputado". Roma, lo contrario: "La organización ha hecho lo que tenía que hacer". Es decir, que no siempre llueve, ni nieva, a gusto de todos.
Marc Coma está en el mismo equipo que Al-Attiyah, me explico: él también corre contrarreloj y le habría venido bien que la especial entre Fiambalá y Copiapó se hubiera disputado. "Es una pena porque quiero que la carrera sea dura, pero bueno, vamos a centrarnos en el bucle de Copiapó, que siempre la jornada previa a la de descanso suele ser muy peligrosa", decía Marc, que trataba de matar el tiempo hasta la llegada de los camiones de asistencia, que iniciaban el tedioso enlace tras motos, coches y camiones.
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Ni siquiera el roadbook estaba listo por la organización, así que Coma se dedicó a charlar con los demás competidores. Lo hacía Pedrero, su mochilero, que espera "que a partir de ahora el Dakar sea duro, duro, cuanto más duro mejor", o Nani Roma, que departía con Peterhansel, su compañero y máximo rival.
El español de Mini combatió el aburrimiento escuchando a Adele, también admirando el paisaje, capítulo en el que el Chaleco López ejerció de embajador chileno: "Era bellísimo. Es que mi país es muy bonito. Bienvenidos". Bienvenidos también a Atacama, donde ya comienza la verdadera batalla de este Dakar.