Al Attiyah-Cruz quince horas con el Hummer
El campeón quitó dramatismo a su epopeya de la primera etapa: "No pasa nada. Si podemos salir, bien, y si no, pues mañana me cojo un avión a Mendoza, otro a Buenos Aires y después me vuelvo a mi país".


Y quince horas después Nasser Al-Attiyah y Lucas Cruz llegaron al campamento del Dakar en Santa Rosa de la Pampa. Ya de noche, al borde de las once, nada que ver con el Dakar que vivió el catarí hace justo un año, cuando el día y la prensa recibían con aplauso a su Race Touareg. De llegar en campeón a hacerlo entre el goteo de amateurs. De competir con un equipo oficial, Volkswagen, a hacerlo con uno privado, el de Robby Gordon. Se ve que del Dakar 2011 al de 2012 cambia algo más que la fecha.
Lo sorprendente, sin embargo, fue que Al-Attiyah no perdiera la sonrisa al llegar al vivac. El Hummer H3 había iniciado la carrera a las 08:08 de la mañana. La especial la comenzó a las 10:48. Devoró los kilómetros, que eran pocos (57) y prácticamente rectos, con un breve salpicón de dunas. Marcó el mejor crono en el primer check point y se encaminaba hacia la victoria. Pero, de repente, en el kilómetro 55, a sólo dos del final de la especial, el nivel de aceite se desplomó y piloto y copiloto se miraron preocupados. No olía a chamusquina, simplemente a aceite, un olor que contagiaba el habitáculo y que hizo que el motor se detuviera.
Fueron al portón trasero y descubrieron que el aceite derramado había afectado al conducto eléctrico. Y ahí empezó una actividad frenética por devolver al H3 a la vida. "Menos mal que Lucas (Cruz) es un gran mecánico", reconocía Al-Attiyah ya acabada la etapa.
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Él y Cruz lograron cubrir esos dos últimos kilómetros gracias a Robby Gordon, el jefe del equipo, que les remolcó con el otro Hummer. Fue allí, ya en el tramo del larguísimo enlace (unos 600 kilómetros) hacia Santa Rosa, cuando arreglaron la avería. De ahí al campamento y allí, ya de medianoche, siete horas para chequear el vehículo y que pudiera tomar la salida en la segunda etapa. Finalmente, el Hummer con el dorsal 300 partió el 36º de Santa Rosa.
Una nueva batalla y dudas en el futuro, con un camión de asistencia aún bloqueado en el puerto de Buenos Aires. "Si apenas hemos probado el coche", decía Cruz. Dos metros más allá, Al-Attiyah quitaba dramatismo. "No pasa nada. Si podemos salir, bien, y si no, pues mañana me cojo un avión a Mendoza, otro a Buenos Aires y me vuelvo a mi país". Es lo que se siente cuando uno ya tiene un Touareg de bronce bien guardadito en casa.