Fórmula 1 | Felipe Massa

Pasta, plátanos, fe... y Brasil 08

Allí perdió un título casi suyo

Rafa Payá
Redactor de Más Deporte
Nació en Madrid (1976). Licenciado en Derecho con un master de postgrado en periodismo deportivo. Entró en AS en 2004 en Más Deporte para pasar a motor (15 años) y en 2020 regresó a poli donde hace atletismo, golf, deportes olímpicos... Ha cubierto deportes de motor (F-1, MotoGP, Fórmula E...), europeos y mundiales de atletismo, y eventos de golf.
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Nacido en Sao Paulo el 25 de abril de 1981, por sus venas corre sangre italiana ya que su abuelo llegó a Brasil desde Cerignola. Muy familiar y con un curioso vínculo con la fe: "Soy religioso, pero a mi manera. No voy a la iglesia a hablar con el padre, prefiero hacerlo directamente con Dios". Inició su historia en la F-1 en 1999 cuando logró un pase para el GP de Brasil repartiendo pasta y plátanos en el box de Benetton. Se plantó ante el cocinero, Felice Guerini, y le dijo: "Volveré a la F-1, recuérdame".

Confiesa que su primer coche de juguete fue rojo, igual que el primer kart con el que debutó a los ocho años y el Ferrari que pilota actualmente. Ocho años en el kárting le llevaron a la F-Chevrolet, donde obtuvo el título en su segundo año. En el 2000 se fue a Europa para competir y ganar la F-Renault italiana y la europea. De ahí pasó a la F-3000 Euroseries, que también venció. Y ahí apareció Peter Sauber. Le ofreció un test y Massa se convirtió en su piloto en 2002. Un mal año le sacó de la parrilla y pasó a ser probador de Ferrari y Bridgestone. En 2004 volvió a Sauber antes de regresar a Ferrari en 2006, ya como piloto oficial. Su mejor año fue 2008, donde era virtual campeón a falta de un par de curvas hasta que Hamilton adelantó a Glock para arrebatarle el título en el GP de Brasil. Esa carrera también fue la última victoria de Massa en F-1 hasta ahora. Un recuerdo amargo del que aún no se ha sobrepuesto deportivamente.

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Pese a ser compatriota de Senna, su ídolo era Piquet. La causa: Ayrton le negó un autógrafo cuando era pequeño y eso le marcó: "Cuando eres niño es un sueño ver a los pilotos, estar con ellos. Por eso, nunca digo que no a nadie que está frente a mí". Esta humanidad le acompaña ya que siempre es de los primeros en donar objetos para subastas benéficas.

A sus 30 años disfruta volando en el bimotor Avanti II, "al menos una vez a la semana" y se declara un loco de los jeans, "de los que tengo muchos", los productos de 'Dolce Gabbana', el fútbol, los deportes acuáticos y el talento de Robert de Niro. Y como piloto, destaca a Schumacher: "Es ejemplar y cada momento que estuve a su lado me sentía afortunado. Si me preguntan qué aprendí, digo: cada cosa".

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