De la universidad de Dante al infierno

Nacido en Parma (6-6-61) y licenciado en Ingeniería Mecánica en Bolonia, lo que da un aire, un caché, un prestigio. Allí, en la universidad más antigua de Occidente, estudiaron Dante, Petrarca... y luego él. Su tesis versó sobre los sistemas de suspensión y la graduación le llevó, en 1986, a Abarth, donde empezó a trabajar entre motores. Su bautismo en la F-1 llegó en Minardi, como Alonso, equipo del que fue diseñador jefe en 1988. En 1995 aterrizó en Ferrari. Su primera misión en Maranello fue evolucionar el F50 GT Le Mans. En 1996 pasa a ser responsable de chasis y en 1998 ayudante del diseñador jefe, Rory Byrne, a quien sucedería en 2004. Luego, responsable de diseño y desarrollo, de chasis y, en 2008, director técnico, cargo que ahora abandona por no sabemos qué puerta. El arranque del Mundial ha hecho trizas el optimismo con el que Ferrari afrontaba la temporada. Eso sí, el propio Costa se mostraba cauto en el test de febrero en Valencia: "Si debo decir dónde estamos respecto a los rivales, ahora no podría dar una respuesta". Hizo bien. Y hace nada, dos semanas, parecía intuir la que se le venía encima: "En toda organización que busque la excelencia deben desarrollarse nuevas ideas. Estamos criticando nuestro enfoque y nuestra manera de trabajar para impulsarnos en una nueva dirección. Es necesario hacer cambios que supongan un nuevo estímulo, sin cortar cabezas". Cabezas... Costa, casado y con dos hijos, cambia de funciones; quizá ahora tenga más tiempo para viajar, esquiar o montar en bici, tres de sus aficiones. ¿Presión? Lo mejor es repescar la pregunta con la que acababa su entrevista de pretemporada en la web de Ferrari: "¿Este año siente la obligación de ganar?". Y Costa respondía: "Sí". Obligaciones, cabezas, Dante... infiernos.