Harley: cuando el ruido se hace música
Un millar de motos recorrieron las calles de Madrid en la novena concentración 'Harley-Davidson KM0'. Casi un millón y medio de moteros comparten esa pasión.

El mundo se divide entre aquellos que consideran música el sonido de una Harley-Davidson y los que lo perciben como un ruido estrepitoso. Para los primeros, miembros de una religión con casi millón y medio de devotos, el motor de una Harley no explosiona sincopadamente, sino que dice "potato, potato". Dulcemente, como un bebé de dos cilindros.
"Nuestras motos no pierden aceite, marcan el territorio". Esa frase también define el orgullo de un harlier. Para justificar su pasión les hablarán luego de la sensación de libertad, de la tradición y del virus Harley, una infección que se propaga por vía motera.
Un somero estudio del fenómeno ayuda a entender muchas cosas, entre ellas la concentración que tuvo lugar en Madrid el pasado domingo (novena edición del Harley-Davidson Km0). Un millar de pilotos talluditos recorrieron las calles de la capital tuneados para la ocasión: chupas de cuero, pañuelos, acompañantes a juego y mil accesorios más con el logo de la marca. También esto tiene explicación: la edad media del propietario de una Harley es de 46,7 años y los ingresos de la empresa por merchandising son de 41 millones de dólares.
Garaje.
Si la Harley es una religión, la Iglesia fue fundada en 1903 por William Harley y Arthur Davidson, de 20 y 21 años. Como en tantos casos, lo suyo comenzó en un garaje. Y la fascinación que causó su moto fue inmediata. Prueba de su aceptación popular e institucional es que 15.000 unidades fueron utilizadas por el Ejército de EE UU durante la Primera Guerra Mundial y 90.000 en la Segunda. Hubo Harleys persiguiendo a Pancho Villa (1917) y aún hoy se usan Harleys para seguir a los cacos en Los Ángeles o Hamburgo.
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La reinvención de la marca llegó en los 70. Entonces Harley se asociaba a Los Ángeles del Infierno (grupo que fundan veteranos de guerra) y otros alborotadores motorizados. El mérito fue transformar la moto en objeto de culto, en pieza única. Con esa inspiración nacieron las chopper (recortes de la moto clásica) y así se cultivó el mito Harley, representado por su agrupación de propietarios HOG, acróstico de Harley Owners Group y curioso apodo de las motos casi desde su nacimiento (hog significa cerdo).
Quien sienta curiosidad que se acerque al motor de una Harley. Si oye ruido, cómprese un coche. Si escucha "potato, potato", usted es un harlier.