Dakar 2011 | Última etapa (Córdoba-Buenos Aires)

Coma ya suma tres y se saca la espina de 2010

El catalán conquista otro título, tras los de 2006 y 2009, y entierra la decepción que le supuso quedarse sin opciones el pasado año por una sanción de seis horas tras un cambio irregular de neumático

<b>UN JUSTO VENCEDOR. </b>Marc ha realizado una carrera muy consistente, de ahí su enorme satisfacción en la meta de Buenos Aires.
Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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De un enero negro a uno blanco, soleado, feliz, en el que todo son palmaditas en la espalda. En apenas un año, Marc Coma ha recobrado el sabor del Dakar, ese reto-locura que le hace a uno subirse a la moto y perderse entre piedras y dunas mientras la familia, bien lejos, en Aviá, celebra con cava las Navidades. Mereció la pena y conquistó su tercer Dakar, tras los de 2006 y 2009. Si una victoria ha servido para quitar una espina clavada, es ésta. Marc llevaba un año devorando el calendario. Para ganar y demostrar que es el mejor piloto de raids del mundo, en África o en Suramérica.

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Ha parecido una victoria fácil. Pero sólo el talento es capaz de engañarnos y convertir en un paseo militar las trece jornadas de dureza y competición. Los 9.500 kilómetros. Coma habla del Dakar más exigente. Dos palabras aderezaban sus declaraciones cada jornada: complicada y dura. Su éxito ha sido mantener a raya a Despres, su gran rival, el hombre con el que se había repartido el triunfo en los últimos cinco años. Ahora, el barcelonés y el francés, aunque afincado en Andorra, igualan a tres. Así que el gancho para el Dakar 2012 está fácil: desempate bajo el sol.

Coma ganó cinco etapas y sacó 15 minutos a Despres. Lo celebró a lo grande, se fotografió con todos, pero reservó un abrazo sincero y eterno para el tipo que ha dormido estas dos semanas en la tienda de al lado: Joan Pedrero. Su mochilero, el piloto que ha velado por él. Merece un monumento (preparen piedra, que mide 1,96), al ladito del de Marc. Han triunfado. El desierto les ha dado la razón.

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