Sainz se despide del triunfo en un día negro
Empezó la jornada implicado en un accidente de tráfico de la furgoneta del equipo y lo acabó con una avería en la suspensión delantera en la que perdió más de una hora.


Hay días que se tuercen desde que uno se levanta. Y otros que se tornan odiosos a eso de las seis de la mañana. Como el de ayer. Justo a esa hora, Carlos Sainz y el resto de pilotos de Volkswagen sufrieron un accidente cuando se dirigían en una furgoneta desde su hotel hasta el vivac. Un susto, un golpe con consecuencias físicas (cervicales y en la pierna derecha), pero también un presagio de lo que le aguardaba al madrileño y a su copiloto, Lucas Cruz, camino de San Juan. En el kilómetro 410 de la especial se rompió la suspensión delantera derecha de su coche. Y la avería se alargó una hora. Y el sol de justicia no tuvo clemencia de esos dos hombres de azul que trataban por todos los medios de volver a la carretera. Que se despedían del Dakar...
Cuando aún nos reponíamos del accidente matutino, que se saldó además con un corte en el hombro de Lucas Cruz, una brecha en la cabeza de Ralph Pitchford, copiloto de Mark Miller, y un esguince de tobillo y golpe en la cadera de Nasser Al Attiyah, líder de la carrera, la suspensión del Race Touareg 3 con el dorsal 300 dijo basta. Ése era uno de los secretos que en VW esgrimían para explicar los continuos pinchazos sufridos por Peterhansel y su BMW. Al parecer, la marca rival incide en la presión y ellos en las suspensiones. Pero ayer...
Sainz estuvo una hora parado nada más superar la zona neutralizada de la etapa, en lo que suponía la segunda parte de la especial. Entre San José de Jáchal y La Salina. En lo que dicen es un oasis agrícola que, a buen seguro, Carlos no pudo ni ver. Mark Miller, que venía por detrás de Sainz (quien hasta ese momento lideraba la etapa con 1:24 de ventaja sobre Al Attiyah) frenó su coche para ayudar al madrileño. Había que implantar, en una suerte de doctor Frankenstein, las piezas de repuesto que llevaba en su coche el norteamericano (las transporta el último Volkswagen que sale en cada etapa), para así asegurarse en Buenos Aires un podio teñido de azul.
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Ese azul que ayer brillaba especialmente con la llegada de Al Attiyah y el aplauso de los mecánicos. Mientras Sainz cubría el tramo final de la especial, Al Attiyah y De Villiers llegaban al box de Volkswagen. "Lo siento por Carlos, pero esto son las carreras", decía el qatarí nada más fundirse en un abrazo eterno con Kris Nissen, jefe del equipo alemán.
El austriaco dejó luego que el enjambre de micrófonos y cámaras se tragara a Al Attiyah. Un líder magullado (quién le iba a decir a él que iba a resultar más peligroso el traslado al vivac que la propia carrera) y feliz. En San Juan. Donde Carlos, una hora después, aún no había llegado. Lo hizo a una hora, 14 minutos y 50 segundos.