Patissier-Zotti: Piloto, copiloto y matrimonio
Su coche, rojo y con el 333 en la puerta, está desnudo. Lo han desmontado casi al completo para revisarlo y ponerlo a punto para la jornada siguiente. Ella, Isabelle Patissier, ordena unos pasaportes; él, Thierry delli Zotti, revisa el roadbook y se tumba para que el fisio le arregle el cuello. Son piloto (ella) y copiloto de un Buggy, que ocupa la vigésima posición en coches. Son, además, marido y mujer.
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Están en el Dakar y en el él se conocieron. En 2003. Y se volcaron en un proyecto que para ella suponía un gran cambio, ya que lo suyo era el alpinismo. Thierry, sin embargo, vive por y para el Dakar: esta es su 25ª participación. "Es un deporte diferente, pero igualmente apasionante. El Dakar me ha enganchado", afirma Isabelle, quien está visto que necesita vivir en la naturaleza: "En un piso no puedo estar, me falta algo. Alquilamos un apartamento en Buenos Aires antes de la carrera y al segundo día ya estaba agobiada".
Thierry no conoce los eneros si no son en el Dakar. "Tengo una foto con mi hija, que ahora tiene 18 años, en mis brazos en el París-Moscú-Dakar de 1992. Ella y mi otro hijo, que tiene 17, saben que en enero su padre está ocupado", comenta. Ahora en Argentina y Chile, dice estar "impactado por la pasión de los aficionados". "Te contagian y te animan a seguir aunque las cosas se tuerzan", apunta. Isabelle y Thierry volverán a compartir kilómetros mañana en su Buggy, "donde se discute más o menos como en la cocina". Una parte más del hogar en su caso.