Sainz araña tiempo en las dunas de Al Attiyah
El madrileño sacó 1:56 a su compañero/rival de Volkswagen, en el terreno favorito del qatarí y ahora está a 3:18 en la general. Hoy espera la arena blanca de Fiambalá


No se cruzaron la mirada. Nasser Al Attiyah y Carlos Sainz libraban el primer duelo directo por el triunfo, ya sin secundarios por medio, y formaban hilera para tomar la salida. Era el bucle Copiapó-Copiapó, esperadísimo. Al Attiyah llegó a las dunas a las 9:39 de la mañana. Trazó una curva muy abierta y frenó su coche a cien metros de la carpa en la que estaban los jueces de carrera. En el desierto no hay toiletes, así que imaginen. Y es que la tensión aquí, en el Dakar, se traduce de mil formas. Cinco minutos después llegó Sainz. Con gesto de concentración, pero también relajado, con ese aire de quien tiene mucha mili encima. Sus siguientes 235 kilómetros le sirvieron para recortar un minuto y 56 segundos al qatarí, compañero y enemigo en Volkswagen. El puño se aprieta hasta ese 3:18 que les separa ahora en la general. Con cuatro etapas por disputar. Con Fiambalá y su arena fina y blanca hoy en el camino. Con tanto por decidir.
Pudo haberle sacado más tiempo, cierto, pues en el way point 5 Sainz aventajaba a Al Attiyah en 3:19. Pudo haberle quitado más minutos si la etapa no se hubiera recortado 28 kilómetros por razones que nadie aclaró; las ponemos nosotros sobre la mesa: está siendo un Dakar tan exigente que, o se aligera un poco, o nos quedamos con sólo tres coches llegando al Obelisco. Entre los que no lo harán está Nani Roma ya que, ayer, el diferencial trasero de su Nissan dijo basta. Pudo pero lo que ahora importa es saber si ese verbo se conjuga en presente: ¿puede? "No es mi terreno favorito", aclaraba Sainz ya en el vivac. Es un escenario que a priori se adapta mejor al qatarí y Sainz juega con ello.
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Quizá sea sólo un anzuelo aguardando a que Al Attiyah pique. Cuenta tanto hacerlo bien como provocar el error del rival. Así cayó la fruta madura del árbol, los otros compañeros de equipo, De Villiers y Miller, y también quien se antojaba ogro en BMW, Peterhansel, el único intercalado en esa cabeza de la clasificación teñida de azul Volkswagen. Errores. O incidentes, como el pinchazo sufrido ayer por Al Attiyah cuando buscó vencer al viento siguiendo el cauce de un río. Tuvo que parar, pero el revés fue breve, apenas perceptible para la general.
Reaccionó y consiguió limar la citada diferencia al paso por el WP5 (3:19) y adelantar a Sainz cuando apenas quedaban 200 metros para la llegada. De ahí el 1:56 final. ¿Mucho, poco? Según como midamos este Dakar, si en jamón york o en caviar. Sainz pescó la quinta victoria, octava de Volkswagen (sólo Peterhansel les birló un triunfo, en Iquique) en las nueve etapas disputadas. Pero el gran tiburón blanco, Al Attiyah, aún no ha hincado el diente a la carnada. ¿Tiburones en el desierto?