La grandeza de Coma le mantiene en cabeza
El catalán puso en juego su victoria en la competición al detenerse para asistir a otro motorista herido, pero la organización le devolvió el tiempo perdido. Sainz fue tercero en coches y también sigue líder


Vamos a imaginar que en pleno desierto llegan a la cima de una duna y desde allí divisan, dos kilómetros más abajo, el océano al que conduce una pendiente del 32 por ciento. Imaginen que llegan tras 400 kilómetros de una especial tortuosa, con peligros extras de navegación, tras sufrir una caída, una avería en el radiador y pararse a asistir a un piloto herido e inconsciente en medio del camino. Imaginen... Pues Marc Coma no lo imagina.
Porque es lo que realmente le ocurrió al catalán de Avià en el primer gran capítulo del Dakar 2011, con final en Iquique y en su inmenso e interminable tobogán hacia el mar. Un etapón de gestos y de frases. Como la de Cyril Despres a los micrófonos de Televisión Española, donde soltó que "después de seis horas en moto, que le den por c... a las sanciones". Se refería el francés a los diez minutos de penalización que le impusieron los comisarios de la organización por saltarse un punto en el inicio del enlace de Jujuy a Calama. Burocracia... pero también reglas del juego para todos.
Y decíamos de gestos, porque el de Coma lo es, un gesto loable, digno de un campeón. Tras probar a qué sabe la tierra chilena y una avería en el radiador, con su ventaja en la general yéndose por el sumidero, el catalán se encontró caído a Olivier Pain. Frenó, bajó de la moto, puso el casco del piloto francés de Yamaha a modo de triángulo y le asistió. Estaba inconsciente, con un fuerte golpe en la cara y en la muñeca (luego se reveló que la tenía fracturada, por lo que tuvo que abandonar la carrera). Coma aguardó a que llegara Joan Pedrero, su mochilero, y sólo entonces reemprendió la marcha. "Eso demuestra la calidad de Marc, porque hubo pilotos antes que también vieron a Pain en el suelo, pero ellos pasaron de largo", puntualizaba Joan. Gestos.
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Coma no se arrepentía de haber parado a ayudar a un compañero, pese a poner en peligro su victoria en este Dakar por el tiempo que cedió. Pero si hay justicia deportiva, también vive en el desierto, así que apenas media hora después del final de etapa, los mismos comisarios decidieron devolver a Coma once minutos y veinte segundos.
Suficiente para adelantar a su directo rival, Despres (que así perdía 12 segundos con el catalán), aunque no para alcanzar al portugués Paulo Gonçalves, el ganador del día. Daba igual. Los minutos y los segundos no cuentan cuando se trata de medir la grandeza.