La aventura se inició arropada por una ciudad
Los pilotos tomaron ayer la salida desde la capital de Argentina ante la expectación de varios cientos de miles de bonaerenses, que volvieron a demostrar el interés que la competición despierta en todo el país

Sienten su momento y estrechan manos, sonríen y la piel se les eriza dentro del mono. Empieza el Dakar y junto al obelisco de Buenos Aires, en la impresionante avenida Nueve de Julio, Marc Coma aprieta el puño a los amigos y con la mirada dice que va, más que nunca, a por este Dakar. El catalán ha ganado la primera batalla a su rival Despres. Cuando aparece el español, todos los periodistas dejan al aspirante francés para interrogar al campeón. Al poco tiempo llega un coche azul con un madrileño dentro, guiña el ojo y da las gracias ante el deseo de que le acompañe la suerte. Es la estrella, el eterno Sainz, ídolo de los argentinos que vitorean al español.
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Cientos de miles de personas se agolparon ayer en las calles de la capital para ver de cerca la caravana de sueños. Y disfrutaron como nunca, esperaron pacientes a que pasaran todos, algunos junto al obelisco, alrededor de las vallas que cubrían los catorce carriles de la avenida, otros en las calles, junto a la Plaza de Mayo, en todo el centro porteño, con banderas argentinas, algunas españolas e incluso una dedicada a Coma.
Entre los pilotos, algunos decían que había más gente que el millón de personas que despidieron al Dakar el año pasado, otros que menos. Lo cierto es que no han trascendido cifras oficiales, pero en toda la ciudad es posible que se rondara el millón de personas. Ahora ha empezado y los niños que ayer abrían los ojos ante los coches dakarianos los verán ya por la tele, con el deseo de que todos vuelvan sanos y salvos el próximo 17 de enero.
