Un lustro en la carrera más dura del mundo

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Es justo después de comer cuando se queda dormida. Sus pequeños labios se mueven lentamente hacia un lado, como temblando de felicidad, y aparece una sonrisa. Una hora antes de coger el avión, Martina volvió a hacerlo y esta vez incluso descubrí el sonido de su risa. No es fácil cumplir los sueños, venir al otro lado del mundo dejando en casa a una niña de 38 días, pero lo exige el compromiso y el trabajo. Profesionalidad, lo llaman los clásicos, amor al oficio de uno. Al menos queda allí con su hermana Gabriela, ya mayor a sus dos años, y su increíble madre, la que me sostiene con su fuerza y su presencia. Así, con la añoranza en el primer día, llego a este nuevo Dakar, el quinto para este humilde periodista que sigue aprendiendo a cada paso, a pesar de ser ahora el más veterano de los españoles. Vuelve la aventura y para mí el momento del año, el de escribir, el de contar a los demás lo que pasa allá donde sus ojos no llegan. Espero que les guste. Va por ustedes...
El avión salió de madrugada de Madrid y con el granizo golpeando el fuselaje. Siempre he pensado en esos monstruos del cielo como en un milagro. Me fui de noche y, al día siguiente, estoy a diez mil kilómetros de casa, en otro país, en otra estación. Es verano en Buenos Aires, pero también llueve. Hace frío en Argentina.
