La Fórmula 1 de los privados

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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La dichosa crisis que nos atenaza a casi todos está afectando de forma significativa también a la Fórmula 1. Tanto es así que se puede producir el fenómeno de que la máxima categoría del automovilismo deportivo sufra una regresión de tres décadas, con el protagonismo de escuderías privadas muy lejos en potencial de las grandes marcas del sector que han impuesto su hegemonía en los últimos años. Vaya por delante que lo esencial en esta coyuntura es la supervivencia de la especialidad, pero eso no quiere decir que el panorama que se nos avecina sea el ideal. Es evidente que resulta ridículo comparar el prestigio de BMW, Honda o Toyota (por citar tres empresas que han puesto pies en polvorosa en esto de los grandes premios) con Manor, Campos Meta o USF1, tres de las nuevas escuderías que llegarán en 2010.

Por supuesto que habrá quien piense, y es absolutamente respetable, que esta democratización de la F-1 puede ser el caldo de cultivo ideal para una nueva etapa en el campeonato y una mayor competitividad auspiciada por la igualdad. Pero no soy yo de los que opinan así. Para mí, este negocio tan bien organizado por Bernie Ecclestone (para mí uno de los personajes más astutos del planeta) basa su grandeza en la exclusividad, la excelencia y la alta tecnología, el no va más en el deporte del motor, los mejores entre los mejores. Y en ese planteamiento, la mediocridad y la cutrez sólo deberían ser un aderezo mínimo, apenas significativo. Sin embargo, esto es lo que nos ha tocado vivir y no queda otra que resignarse, pero que nadie intente convencerme de que en este sarao pintan algo equipos con problemas para llegar a fin de mes, motores alquilados y pilotos que para correr tienen que pagar...

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