El Lorenzo más cercano ha estado en AS
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Este Mundial he disfrutado mucho con Jorge Lorenzo en las pistas... pero también en las páginas de AS. La verdad es que ha sido un privilegio contar cada martes, después de los grandes premios, con la visión más personal, casi íntima diría, del piloto mallorquín. No sé qué les habrá parecido a ustedes, que son los que realmente importan como nuestros lectores, pero a mí me ha encantado Jorge. Que quede claro, por si alguien tiene dudas, que cada columna del piloto es por supuesto obra exclusivamente suya, sin maquillaje periodístico o cualquier otro tipo de añadido artificial. Cada una de esas líneas es Lorenzo en estado puro, así que hemos tenido la oportunidad de conocer un poco mejor a este chaval que madura cada día que pasa.
Quienes hayan seguido con asiduidad la colaboración de Jorge en AS durante los dos últimos años, habrá sido testigo de su evolución. Diría que ha sido más lo que Jorge ha avanzado fuera de los circuitos que dentro de ellos, y eso que este periodo ha coincidido precisamente con el tremendo desafío de su salto a MotoGP. Hemos podido compartir con él estados de ánimo de lo más variopintos: desde la euforia del triunfo al abatimiento de la derrota, pasando por el dolor tras las caídas, la incertidumbre, las dudas, la ilusión, incluso el miedo... Lorenzo nos ha abierto las puertas a sus rincones más personales, ha hablado mucho más que de puesta a punto de motos o de circuitos. Y eso también es de valientes, porque cuando uno se sincera de ese modo se convierte en más vulnerable para los demás y también en presa fácil de sus críticos. Por eso, ahora que se cierra una nueva temporada, sólo se me ocurre una cosa que decirle a nuestro columnista de excepción: gracias por tanta generosidad, campeón.
