Yo digo Raúl Romojaro

Sin gloria no hay futuro

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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La competición es cruel. Sólo uno gana, los demás pierden. Y cuando se pertenece al grupo mayoritario, el de los derrotados, los esfuerzos que exige la búsqueda de esa excelencia llamada victoria se antojan mucho menos llevaderos. Por eso Toyota se va de la Fórmula 1. Su presencia en la élite del automovilismo no tiene sentido cuando su único papel es el de comparsa de sus competidores. Y menos aún con la que está cayendo. La industria del automóvil atraviesa la que quizá sea la crisis más grave de la historia (dejando de lado las grandes confrontaciones bélicas que paralizaron al mundo) y en ese contexto resulta difícil justificar inversiones astronómicas que no aportan rentabilidad alguna a la compañía. Es más, puede llegar incluso a resultar contraproducente.

Lo de Toyota se mascaba desde hacía tiempo y ahora el proyecto ha caído por su propio peso. No hay que ser muy avispado para entender las razones que llevan a su consejo a tomar esta medida. Se gastan un presupuesto comparable al PIB de algunos países del Tercer Mundo y no salen ni en las fotos... Una empresa automovilística que invierte en competición (porque ninguna vende coches de F-1) lo que busca es un retorno en forma de conocimiento de la marca, prestigio e imagen. Justo lo que no se consigue cuando en ocho temporadas te has mostrado incapaz de ganar ni una sola carrera. Estoy convencido de que si el palmarés de Toyota fuera otro, a los jefazos les habría costado un poquito más tomar esta determinación desde sus despachos. Pero pagar para perder como norma, pues como que no...

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