Alguersuari, el triunfo de la madurez
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Cuando, el año pasado, conocí personalmente a Jaime Alguersuari, llevaba ya mucho tiempo siguiendo su trayectoria deportiva. Me habían hablado muy bien de él y, además, su padre también me mantenía puntualmente al día sobre sus evoluciones, primero en el kárting y más adelante en los monoplazas. Jaime padre, buen comunicador como buen periodista que es (aunque después el mundo de la empresa le haya apartado de su vocación original), me contaba maravillas del chaval. Normal, pensaba yo, qué va a decir un padre sobre su hijo. Sin embargo, mi interés por Jaime se iba incrementado a medida que me llegaban nuevas referencias ajenas a su entorno familiar y todas ellas muy positivas.
Cuando por fin me senté cara a cara con el flamante campeón de la Fórmula 3 británica, comprendí que su padre no exageraba, lo mismo que tampoco lo hacían aquéllos que le veían como una de las más firmes promesas de nuestro automovilismo. Lo que más me sorprendió de él fue su tremenda madurez. Tenía sólo18 años y, ya lo escribí entonces, escuchándole sólo pude pensar en lo que tenía yo en la cabeza a su edad. Alguersuari hablaba con el convencimiento, la confianza y la seguridad propias de un piloto experto y curtido en mil batallas; exhibía unas ideas muy claras y sabía dónde quería llegar y cómo hacerlo... Pues parece que lo ha conseguido. Este fin de semana debutará en la Fórmula 1 como el más joven en la historia en hacerlo. ¡Menuda papeleta! Deseo fervientemente que le vaya muy bien, porque ha decidido aprovechar una oportunidad que sólo llega una vez en la vida, incluso siendo consciente de los enormes riesgosque representa el reto. Ahora sí que deberá exhibir esa madurez que creo le hace tan especial.
