Dakar 2009 | Decimotercera etapa (La Rioja-Córdoba)

Coma tiene la gloria a tan sólo 227 kilómetros

El español sigue líder en motos a falta de la jornada final de hoy, que llega a Buenos Aires, con casi una hora y media de ventaja sobre Despres. Nani Roma ganó su primera etapa en coches de esta edición

<b>TODO BAJO CONTROL. </b>Marc Coma no gana más etapas... porque no se pone. Prefiere no arriesgar y controlar la situación para evitar disgustos inesperados.
Manuel Franco
Redacción de AS
Actualizado a

Micrófono en mano, Fabián Torres, de la televisión local de Córdoba, intenta contar el vacío. Lo hace con vehemencia. "Acá esperamos a Carlos Sainz, a pesar de su accidente sigue siendo el campeón de este Dakar para nosotros, ¿Quién conoce a De Villiers o Millar? Carlos es nuestro ídolo y merecía ganar. Para Córdoba, Sainz es como Maradona para Nápoles". Muchos han llegado esperando ver al madrileño que, a esas horas, ya estaba en Barajas con su familia.

Hubiera sido inolvidable ver al tricampeón del mundo en esta tierra que también es la suya. Llegar a Córdoba suponía el anticipo de un triunfo doble de los españoles, pero el Volkswagen 301 no está aquí. El Dakar se llevó a un campeón, pero en España hay dos. De repente, aparece una KTM naranja, Repsol en el carenado y un injusto número dos en el frontal de la moto. Marc Coma ha pasado la prueba del fantasma, la de la penúltima etapa, la que hace dos años le dejó en manos de la doctora Pommerie en un hangar de un lugar perdido de Senegal a una etapa de ganar su segundo Dakar.

La historia no se repite ni debe hacerlo hoy. Entonces el catalán cayó en la trampa, pero ha habido mucho trabajo desde aquel día para no tropezar dos veces en el mismo roadbook. Ayer Marc llegó con la sonrisa fácil y los nervios de la cara intentando mantener el gesto sin que la felicidad se desborde antes de tiempo. Ganó Despres y el catalán fue segundo, a menos de dos minutos, controlando, tranquilo, casi viendo el paisaje por el que le preguntaron los periodistas argentinos al llegar al vivac. "No, no me da tiempo, pero bueno sí he podido echar un vistazo de refilón", explicaba el catalán.

Está claro que Marc no va a su mejor ritmo, podría ir mucho más deprisa y dejar sentenciada la carrera, aún más de lo que está, pero prefiere ser cauto, respetar la prueba más dura del planeta en la que cualquier cosa puede suceder en cualquier momento, tópico de muchos deportes que en éste de ir en una máquina por el desierto se hace realidad evidente. "Lo tenemos muy bien si no pasa nada", dice. "Tenemos que darnos cuenta de que sólo queda una etapa y hay muchos nervios, mucha presión", añade Jordi Arcarons.

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En el mismo parque cerrado, juntos pero no revueltos, Cyril Despres, brazo apoyado en los metales de la carpa naranja, gesto de campeón vigente que no se cree la verdad. "Hace un par de días un periodista español me preguntó por el doblete de vuestros pilotos y le dije que había que esperar, cayó uno, aún pueden pasar cosas", dice el francés esperando la injusticia del milagro, vana esperanza del débil. Tiene que pasar una hora y media. A Coma le quedan 792 kilómetros, los que van de Córdoba a Buenos Aires, en la etapa de hoy, 227 cronometrados, los que realmente importan. Llegada en Rosario, cuna de futbolistas, camino de La Rioja le regalaron a Coma una camiseta de Argentina, albiceleste para el campeón, el primer español destinado a repetir.

Su antecesor, el campeón de 2004 en motos, Nani Roma, ganó ayer su primera etapa de este Dakar en coches, la primera, la del honor de Mitsubishi, sostenido por el talento y la garra del catalán y la profesionalidad de un equipo único. De Villiers sigue líder. Buenos Aires espera (¿etapa tranquila?) al nuevo campeón del Dakar.

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