Un tío grande y con suerte
La injusticia toma el Dakar. El mejor abandona cuando ya acariciaba el triunfo. Y sin embargo hay que celebrar que haya esquivado a la muerte.

Llueve en la madrugada argentina. El cristal del autobús tiñe de agua la vida cuando el sueño aún permanece en un cuerpo cansado. La lluvia cae fuerte en este lugar rodeado de montañas verdes, autódromo de La Rioja. Les escribo sin comer, cinco de la tarde, aún hundido por la injusticia de esta carrera ingrata que recorre desiertos y arenas del mundo en busca de un milagro: llegar.
Ya no hay Lago Rosa ni playas de Dakar, ahora se quiere regresar al lugar de donde se salió. La meta es volver a casa. Suena el teléfono, un amigo en jefe me comunica la mala noticia: Carlos Sainz ha tenido que abandonar.
Una hora después llega el campeón, que lo será siempre. Me mira con resignación y alivio. Mano estrechada en el hombro. "¿Qué?", me dice. ¿Qué?, respondo. "Ya lo ves". Tenía esa media sonrisa del que ha estado a punto de perderlo todo, pero sigue con vida. Y ante eso cualquier carrera, cualquier título, cualquier Dakar carece de importancia.
Pero es cierto que esta vez era suyo, estaba escrito, pero a veces aparece un borrón en el libro del destino. Ya llegan los que buscan la mala suerte de un señor con el talento de los más grandes, los que son capaces de recordarle a una leyenda que una vez gritó a la desesperación. Dan asco. Esto es el Dakar, aquí los pilotos se juegan la vida a cada momento, esta gente va rápido por lugares donde una piedra, una duna, polvo en suspensión o un río seco que aparece de pronto pueden hacer que se pierda todo. Un respeto.
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Lo siento en el alma, amigo. Merecías este Dakar porque eres el mejor y lo estabas demostrando, porque has construido un buen equipo desde el caos y además eres un tío que haces sentir orgullosos a los españoles de verdad por ser uno de los nuestros.
Carlos Sainz, un tío con suerte (la hay que tener para salir ileso de una caída al vacío desde cuatro metros-, talento, familia... hasta dinero y personas que le admiran en todo el mundo. El mejor deja el Dakar, una carrera que merecía su victoria. Niebla en Madrid. Pronto volveré.
