Sainz pierde el Dakar pero conserva la vida
El líder abandonó tras caer su coche por un barranco de cuatro metros de altura y resultar herido su copiloto, Michel Perin. Un error en el libro de ruta fue el culpable de que el madrileño tomara ese camino

Arena. Polvo y arena donde una vez hubo un río. Ahora ya no hay nada, sólo cuatro metros hacia arriba por donde unos minutos antes un coche azul corría en busca de la gloria. Un francés de 51 años, pequeño, con cara de listo y ojos pequeños de ave rapaz está tendido en el suelo. El médico de la organización, con una bolsa de suero en la mano, examina a Michel Perin. A su lado, Carlos Sainz se lamenta aún con el casco puesto, camina de un lado a otro, sin rumbo, intentando espantar la realidad del triunfo que se va. "Esto no es normal, ¿cómo puede ser posible?", decía el campeón que no lo será de este Dakar. "Tómese su tiempo, doctor", ruega el español como el torero herido en la enfermería. Pero el médico trae malas noticias, hombro roto: "Se acabó para él. Carlos, el rally ha terminado".
Era el kilómetro 79,61 de la especial entre Fiambalá y La Rioja, la última etapa que podía alejar el doble triunfo español. Las dunas blancas ya habían quedado atrás, el líder de la general iba casi paseándose, tranquilo, intentando conservar la mecánica, pero en esta carrera de locos que se juegan la vida en cada esquina, el arcano del imprevisto puede aparecer en cualquier momento.
Y sucedió. Carlos iba en un fuera de pista esquivando arbustos, rodeando montículos de arena, deslizando su Volkswagen Race Touareg. Acababa de saltarles el aviso de un way point, punto obligatorio de paso, y el libro de ruta indica que hay que ir recto, aunque iban unos cien metros más allá de la pista. "Sigue por aquí, Carlos", sostiene Perin. Un instante y el cielo aparece ante sus ojos. Después el golpe, seco e inescrutable, la desgracia parece estar por ese lugar de Catamarca, en las montañas de arena que rodean la cordillera de los Andes.
El coche aterriza desde cuatro metros de altura y vuelca. Los dos tripulantes salen y evalúan daños. Sainz está bien, Perin se echa la mano al hombro, el dolor es intenso. Minutos después, el BMW del ruso Novistskiy intenta volar por el cauce del río seco. "¡Stop, stop, stop!", grita Carlos y el coche se queda con las dos ruedas en el aire. Salvados. Al rato, un coche de la organización aparca en el lugar para evitar más accidentes.
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Después logran dar la vuelta al Touareg e intentan seguir en carrera. Pero llega el helicóptero médico, examina al copiloto de Sainz y ahí acaba el viaje. Pese a que el Race Touareg estaba destrozado por fuera, tiene corazón de acero, el motor funcionaba y con Perin en buen estado podrían haber terminado. Pero Argentina no verá a su ídolo en el podio de Buenos Aires. España contiene el aliento con las imágenes de otro sueño que se va. Y no hay mala suerte. Sainz iba por fuera de la pista y el barranco estaba señalado como peligro 2, frenar fuerte, pero era un 3, pararse y ver cómo pasar. Así es como debería haber figurado en el libro de ruta.
La organización sostiene que la lluvia de la noche hizo crecer el cauce del río. Otros dicen que Perin iba perdido. En caso de ser así no fue el único. Las motos tardaron en encontrar el camino y poco después del líder, Nani Roma frena en seco al escuchar los gritos de Carlos. Iba directo al desfiladero, al mismo barranco donde acabaron las ilusiones de un Sainz que al menos conserva la vida.
