Dakar 2009 | El diario de una aventura

Un viaje por las nubes...

Un traslado en autobús de más de catorce horas nos lleva de vuelta a Argentina a través del paso de San Francisco, por encima de los 4.700 metros

<b>PUESTO DE TRABAJO. </b>Manuel Franco, en la sala de prensa.
Manuel Franco
Redacción de AS
Actualizado a

Las estrellas tintineaban en el cielo sobre los Andes de la frontera, a un lado Chile, a otro Argentina, dos estados llenos de contrastes mágicos. Paso de San Francisco, paisajes imponentes de picos coronados por la luna llena, 4.726 metros de altura. Aire puro, frío, que se cuela en los pulmones y estalla la tensión arterial a los no habituales de estas latitudes.

El mundo queda lejos para los que duermen en este autobús de dos plantas que nos traslada desde el desierto de Atacama hasta lo que algunos llaman la Pampa Blanca, la región de Catamarca, en el noroeste de Argentina. Fiambalá, un pueblo de cerca de cinco mil habitantes repartidos por una avenida de catorce kilómetros parece un Valdemorillo de los años treinta, sin su iglesia, claro está.

El banco, recién sacado de un episodio de la última telenovela de Epifanio del Cristo Martínez, sólo cambia dólares y euros. Los chilenos se van a las termas, tesoro de esta Fiambalá, poblado pobre de viñas milagrosas que ayer se veía abarrotada de gente. A la vuelta logró hablar con España en un locutorio donde se escucha la voz de mi familia. Al salir veo una especie de restaurante con un cartel: 'La casa del Pa'. Y las lágrimas me hacen una visita al alma. Así es como llamábamos, llamamos, llamaremos siempre a mi padre que un día se fue para al fin descansar de darnos su fuerza.

Noticias relacionadas

Las catorce horas de viaje en el autobús ya se quedaron en el recuerdo de una aventura más, esta vez de miedo. El conductor, entusiasmado por los pilotos del raid, cree haberse puesto en la piel de Sainz y toma las curvas con un ligero ruido de frenos que se hunden al lado del abismo de los Andes. Poco más tarde parece que volemos, bolsas que se caen, agua que aterriza en los asientos. Al fin consigo dormir.

Veinte minutos después ya hemos llegado. Atacama-Andes-Valle de Catamarca, naturaleza pura, aquella Hispanoamérica que siempre quise conocer. Petra, india de muchos años, teje un tapiz gigante en el centro del sol. Para el mejor piloto, dice. Gratitud argentina. Recuerdos para siempre.

Te recomendamos en Más motor