Hiela el calor del desierto
La jornada en bucle nos deja todo el día en el campamento. Todo va bien hasta la tarde, cuando las ambulancias avisan de la tragedia.

Hacía viento, el polvo inundaba la tienda de campaña y entraba como el que abre la puerta de su casa tras mucho tiempo sin estar, deseando aparecer por el hogar. Pero había ganas de fiesta, aunque se la quedan los chicos de Chile y sus expresiones locas mientras las plumas de mi saco, regalo de mis hermanas, guardan mi cuerpo del frío.
Afuera las temperaturas han bailado con el día: bruma al amanecer, calor que tuesta el alma durante la historia del día y frío al anochecer con una madrugada empapada en hielo. Para evitar el sueño del desierto me invitan a un hostal en Copiapó, quizá estaría mejor, pero no podría contarles cómo se duerme en el Atacama.
La noche viene acompañada de un viento frío y el sueño es entre horas, fuera un grupo de franceses baila algo parecido a la música, desmontan la sala de prensa entre ruidos secos de metal y el gran Bustillo me da la bienvenida como en aquellos tiempos en los que iba a la radio con el 'Equipo A': ¿cómo estás Manolín? Y me alegra lo que queda del día. Después sigue haciendo frío. A las dos de la madrugada escucho helicópteros, a las tres y media gritos sin sentido, a las cuatro el silencio y a las cinco y media los primeros mecánicos sueltan sus herramientas para ir a desayunar. Ya son las ocho cuando oigo la voz que quiero, el día ya tiene sentido de cuenta atrás.
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Escribo la crónica del día cuando llega un helicóptero, emergencia, ambulancia blanca, luz roja. Al rato susurran temores los rostros llenos de tristeza. Español, padre de la promesa. Un torero de Ronda caído en el albero. La piel se eriza desde el cerebro hasta la sangre del corazón, escalofrío, el viento viene malo con esperanzas que se desvanecen al tocar tierra.
Nadie sabe qué valor tienen los sueños. Mala pinta. Las teclas pesan como bloques de plomo. ¿Es la vida tan frágil? ¿Por qué? Rezos a quien pueda hacer algo. Que Dios quiera, por favor. Hiela el calor del desierto. Almas heridas en el Dakar.
