Dakar 2009 | Décima etapa (Copiapó-Copiapó)

Guerrero está en coma por una caída de moto

El malagueño, padre del campeón del mundo júnior de enduro, disputaba a los 48 años su primer Dakar como aficionado. Sainz y Viladoms vencieron la etapa; Carlos y Coma se mantienen en cabeza

<b>PRIMERA ASISTENCIA. </b>Otros motoristas de la carrera fueron los primeros en atender a Guerrero, que permanecía inmóvil.
Manuel Franco
Redacción de AS
Actualizado a

Una nube de polvo anticipa la desgracia, la ambulancia espera junto a la valla y el helicóptero baja entre un cordón de médicos. Cristóbal Guerrero, de 48 años, vuela al centro médico del Dakar y es trasladado inmediatamente al hospital central de Copiapó.

Eran las 12:38 cuando el Iritrack sonó y el helicóptero blanco de la organización llegó a las 13:06 al kilómetro 160 donde se produjo el accidente. Una zona de tierra dura y piedras en la que era fácil irse al suelo. Seguro que Cristóbal no iba deprisa, él sólo quería llegar, terminar esta aventura con la que soñaba desde hacía mucho tiempo. "No pude venir antes porque cuando era joven no tenía dinero para hacerlo, ahora estoy ante una gran oportunidad, me lo estoy pasando muy bien", contaba con los ojos encendidos por la ilusión.

Los médicos le operaron de inmediato para realizarle lo que se denomina drenaje endocraneal, que consiste en la colocación de un sensor capaz de medir la presión cerebral y, con este dato, dosificar con exactitud la medicación. Y es que el escáner reveló la presencia de un derrame que le comprime el cerebro, en un grado cinco en la llamada escala de Glasgow (en la que cero supone la máxima gravedad y quince, la mínima). Los médicos han pedido que un representante de la familia viaje de inmediato hasta Chile.

Guerrero había seguido un entrenamiento específico para venir aquí. Incluso había rodado por las dunas en Marruecos. Era la única manera de afrontar con garantías su debut en esta prueba. Todo fue bien. Como en su participación en la segunda prueba de las Dakar Series, el Pax Rally portugués, donde terminó en el puesto número 25 con su KTM 525, la misma moto con la que salió volando por los aires y acabó golpeándose la cabeza en este desierto alejado del mundo y de su casa malagueña de Ronda.

Porque Cristóbal es rondeño, aficionado a los toros, como no puede ser de otra manera habiendo nacido junto a la plaza más antigua del mundo. Y sobre todo es un apasionado de su familia. Su hijo Cristóbal, una de las grandes promesas de nuestro enduro, fue campeón del mundo júnior en 2005. Incluso llegó a recibir llamadas interesándose por su participación en este Dakar. "No, no, es mi padre", contestaba siempre. Y el padre aquí estaba, disfrutando hasta que sucedió lo que a veces puede pasar.

Era debutante y corría como un aficionado, pero Cristóbal conocía la moto. En los años ochenta fue piloto de motocross y enduro, y durante toda su vida ha seguido los pasos de sus hijos como parte de su vida. El mayor, Cristóbal, de 24 años, estaba ayer con el alma encogida esperando noticias: "Nos llamó la organización para decirnos que se había caído y que le habían llevado al hospital para hacerle un escáner, no sabemos más. Estamos esperando con el teléfono en la mano una llamada con buenas noticias". Lo explicaba con la voz rota por la incertidumbre.

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Algo serio de verdad, nada comparado con el sentimiento que se experimentó en el equipo Repsol cuando no se sabía nada de Marc Coma. Parecía que el francés Despres le había perdido en las dunas, pero finalmente el líder catalán se repuso y continúa al frente con más de una hora y media sobre el galo. La etapa la ganó Jordi Viladoms, la segunda de su pequeña historia en el Dakar.

Y Carlos Sainz volvió a imponerse en la etapa, la sexta de diez, ayer por delante del estadounidense Robby Gordon, y se mantiene como líder sólido.

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