Mar de arena, infinito desierto
Llegada a Copiapó y al impresionante Atacama, un océano de dunas pegado al Pacífico. Chile continúa ofreciendo estampas inigualables.

El mar junto al mar, la inmensidad de la arena junto al océano infinito. Nunca había visto nada igual. El desierto de Atacama se abre paso ante mis ojos como un lienzo caprichoso del creador de la naturaleza adornado por el Pacífico, que se abre en verde y acaba en el azul más intenso hasta fundirse con el cielo. Paisajes de América. Chile, el país a lo largo, resulta un descubrimiento intenso desde lo más alto.
Segundo día en helicóptero en este Dakar distinto. El marrón camuflaje del ejercito argentino se convierte en blanco inmaculado de una empresa civil española asentada en Chile, y el teniente coronel Mazzi es ahora Eric, un chileno de lo más profundo con frases inacabadas que siempre empiezan con un guey o huevón. A los chilenos no es fácil entenderles si no quieren, su vocabulario está lleno de expresiones propias y palabras inventadas a lo largo de los siglos. Coquimbo me despidió con la noche y un regalo rojo perdido en mi desastre personal, piedras y más piedras siempre pisadas por el olvido.
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Al alba, el viaje por Atacama y la llamada del amor me devolvió una parte de la sonrisa perdida. Los héroes de esta aventura luchan contra el desierto en un crisol de terrenos, desde las piedras de cobre que parten otras piedras, hasta montañas de arena que desembocan en dunas pintadas de cartón. Y el mar, invitado a la escena. La llegada al campamento de Copiapó hace dar dos vueltas alrededor al piloto. No puede creer que esas tiendas de campaña montadas en mitad del desierto sean realmente el vivac del Dakar. De nuevo, la prueba más dura del mundo agranda su leyenda en el parecido con África.
Sin embargo, aunque están el polvo, la arena y el calor, y el suelo siga ardiendo como si el demonio estuviera haciéndose un asado en el centro de la tierra, esto no puede ser África. Son casi cuarenta grados los que trae el sol del país alargado, la noche será distinta. Dentro de mí canta un genio. En Madrid hace frío y todo sigue como siempre, solamente que no estoy. El tiempo pasa.
