Dakar | El diario de una aventura

África se echa aquí de menos

Incluso concentrados en su nuevo desafío, los pilotos no pueden dejar atrás toda la fascinación que el Continente Negro provoca entre ellos.

<b>COLORIDO. </b>El enviado especial de AS, en Valparaíso.
Manuel Franco
Redacción de AS
Actualizado a

Valparaíso se despide de la realidad buscando su sitio en el universo de los recuerdos. La ciudad del señor de versos que traspasan, dice adiós con una inmensa luna de plata iluminando el Pacífico. Cámaras apostadas en las paredes robando un instante que siempre estará en la memoria.

La ciudad que fue sigue en pie arrancando sueños al visitante de un pretérito repleto de gloria, casas colgando de los cerros y paseo por el ascensor del Espíritu Santo, una especie de funicular que conecta las pequeñas montañas de esta ciudad, Patrimonio de la Humanidad, con el nivel del mar donde el puerto y la costa se encuentran enmarcados por plazas como la de la Victoria, con casas palacio y artistas callejeros lanzando pelotas al aire, moviéndose como contorsionistas, pintando lienzos de lo que hay enfrente o atrapando canciones al atardecer. Al doctor Xavier Mir, que pasea su nostalgia conmigo, le recuerda a Cuba.

De regreso a la base naval, la noche me espera en la litera de arriba, durmiendo al aire donde los cadetes chilenos se hacen hombres, enorme pabellón de guerras que nunca deben ser. Sueño rápido sin posibilidad de soñar. El teléfono rojo suena a las cuatro de la madrugada, un café con el deber blanco de la tensión y sueño en otro autobús de camino a La Serena, donde los cactus rodean el ambiente y las pequeñas montañas áridas llevan el corazón rumbo al trayecto que viaja a las playas de El Campello.

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Mientras, los pilotos siguen luchando con las pistas, algunos sintiendo África. El Dakar Solidario continúa ayudando con el compromiso de Coma, Roma y todos los demás, aunque esta vez no puedan estar allí. Dicen que no. Pero lo cierto es que África se echa de menos.

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